La tarde del domingo, mientras la actividad del Fan Festival Monterrey transcurría entre partidos, activaciones y miles de aficionados recorriendo el Parque Fundidora, una presentación comenzó a llamar especialmente la atención desde el Escenario Live. Incluso desde la sala de prensa era imposible ignorar el ambiente q
ue se reflejaba en las pantallas: música norteña, público bailando y una energía que crecía canción tras canción.
Sobre el escenario estaban Los Norteños de Río Bravo, una agrupación orgullosamente tamaulipeca que logró algo que no siempre es sencillo en un festival internacional: conectar con todos los asistentes a través de la música regional norteña más auténtica... Desde los primeros acordes, las polcas, el huapango, los redobles y el sonido inconfundible del acordeón comenzaron a llenar el espacio. Lo que siguió fue una verdadera fiesta. Personas de todas las edades se levantaron de sus lugares para bailar, cantar y disfrutar de una música que representa una parte fundamental de la identidad del norte de México.
Como buena reynosense, no pude evitar emocionarme.
Ver esas cueras tamaulipecas portadas con tanto orgullo sobre el escenario fue un recordatorio de nuestras raíces. Escuchar canciones que hablaban de Reynosa, de Tampico y de distintas ciudades que forman parte de ese hermoso Tamaulipas que tanto queremos, despertó una mezcla de nostalgia, cariño y orgullo difícil de describir.
Porque más allá de la música, había algo profundamente simbólico en ese momento.
En medio de un festival que reúne culturas y aficionados de todo el mundo, ahí estaba una agrupación llevando con dignidad el nombre de Tamaulipas, mostrando su riqueza cultural, su talento y la fuerza de sus tradiciones y quizá por eso la presentación tuvo un significado especial.
Porque quienes conocemos la historia reciente del estado sabemos que muchas veces las noticias se han enfocado en sus dificultades. Sin embargo, pocas veces se habla con la misma fuerza de su talento, de su gente trabajadora, de sus artistas y de todo lo bueno que sigue floreciendo en sus ciudades.
Ver a Los Norteños de Río Bravo sobre ese escenario fue también ver el resultado de años de esfuerzo, constancia y amor por la música norteña.
Cuando terminó el concierto, el público seguía sonriendo y muchos continuaban bailando mientras abandonaban el área.
Yo también me fui con una gran sonrisa.
Con la satisfacción de haber encontrado, en medio de la fiesta mundialista, un pedacito de mi tierra y con la certeza de que Los Norteños de Río Bravo merecen seguir recorriendo escenarios cada vez más grandes, porque talento, pasión y orgullo por sus raíces les sobran.
Ojalá esta haya sido solo una parada más en un camino que todavía tiene mucho por recorrer.
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