Así se vivió la última gran fiesta del verano en MARCO

Si había una manera perfecta de despedir Las noches de Verano en MARCO, definitivamente era bailando y eso fue exactamente lo que pasó la noche del viernes 3 de julio, cuando Cherry Boys Club, una interesante  fusión entre Gil Cerezo junto a Poniboy cerrando cuatro semanas de música, arte y encuentros que ya se han convertido en una de las tradiciones favoritas del verano en Monterrey.

Desde temprano el ambiente prometía. Mientras el museo recibía visitantes entre exposiciones y espacios abiertos, la música comenzaba a apropiarse del lugar gracias a DJ Pobre Dyabla, quien puso el soundtrack ideal para arrancar la noche. Bastaron unos cuantos minutos para que la gente dejara de ser espectadora y comenzara a formar parte de la experiencia.


Después llegó Cherry Boys Club, el proyecto donde Gil Cerezo explora una faceta mucho más libre y experimental que confirma por qué sigue siendo uno de los músicos más inquietos de la escena nacional. Si con Kinky rompió paradigmas dentro del rock electrónico latinoamericano, aquí apuesta por un universo donde conviven el pop alternativo, la electrónica, los sintetizadores y una estética que siempre busca sorprender.

Su relación con MARCO también hace especial este encuentro. Gil ha compartido que desde pequeño recorría el museo y encontraba inspiración entre sus salas, por lo que regresar ahora como artista principal representa una especie de círculo que sigue cerrándose con cada nueva colaboración.

Durante el concierto fueron sonando temas como Todo Clásico, Ya no recuerdo nada, Borracho y loco, Soy un desastre y Tristecontento, combinados con referencias musicales inesperadas y mezclas que hicieron que nadie quisiera quedarse quieto. Fue uno de esos shows donde el repertorio se transforma constantemente y donde cada canción conecta con la siguiente casi como si se tratara de un solo DJ set en vivo.

Ahí es donde también brilló Poniboy. El productor volvió a sumarse a esta celebración veraniega —no es la primera ocasión que participa— y confirmó que su propuesta junto a Gil encaja perfectamente con el espíritu del evento. House, disco, funk, electrónica y beats perfectamente construidos mantuvieron al público completamente entregado durante toda la presentación.

La fiesta también abrió espacio para nuevas voces con la participación de Gallo Armado, ganador del concurso Nuevo Talento Nuevo León, además de Big Sempa, quienes aportaron distintos matices a una noche que nunca dejó de reinventarse.

Mientras afuera la ciudad seguía viviendo el ambiente de la gran fiesta futbolera, dentro de MARCO se desarrollaba otra celebración igual de vibrante: una donde el arte contemporáneo, la música en vivo y la convivencia demostraban que el museo puede ser mucho más que un espacio para observar obras; también puede ser un lugar para bailar, descubrir artistas y crear comunidad.

Y como toda buena fiesta regiomontana, la historia no terminó cuando bajaron las luces del escenario. El cierre oficial llegó horas después en un after party por Barrio Antiguo, donde músicos, asistentes y amigos siguieron celebrando una noche que difícilmente pasará desapercibida.

Con este cierre, MARCO confirma que su ciclo de verano ya es uno de los eventos culturales más esperados del año y Cherry Boys Club deja claro que su propuesta sigue evolucionando, despertando la curiosidad por escuchar el siguiente capítulo de un proyecto que no deja de experimentar y sorprender.

Imágenes por: Arqueles Garcia

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