Playa Limbo: música que abraza, cicatrices que cantan

Playa Limbo no es solo una banda: es un oleaje constante que nos ha acompañado en distintas mareas de la vida. Un vaivén que nunca suena igual, pero que siempre regresa con esa fuerza que acaricia y sacude al mismo tiempo. Desde aquel “Eco de tu voz” que se convirtió en suspiro generacional, hasta el íntimo “Luces de Sal” en plena pandemia de la mano de Adán Jodorowsky; pasando por la intensidad de “Hora Cero” el año pasado y desembocando ahora en una nueva etapa con sencillos frescos que ya navegan por todas las plataformas. Playa Limbo ha sabido andar, caer y levantarse con una honestidad brutal, de esas que desarman y hacen sentir que la música también puede ser un faro en medio de la tormenta.


En la charla, algo se quedó flotando: su manera de hablar de la salud mental. No como discurso enlatado, sino como quien se atreve a confesar desde la herida. “A veces agradecer incluso lo malo es lo que te ayuda a salir del victimismo”, compartieron. Una frase que se siente como bofetada y caricia al mismo tiempo. Porque sí, es difícil agradecer lo que duele, pero también es cierto que cuando lo haces, la herida se convierte en cicatriz, y la cicatriz en canción.

Su sencillo más reciente, "Dónde quiero estar", va justo por ahí. Es pop luminoso, pero cargado de verdad: aceptar que no siempre estamos en el sitio ideal y, aun así, abrazar el camino y entonces aparece "Ahí voy", un tema que suena a mantra personal: aún no estoy en mi mejor momento, pero ya no estoy en el peor y ese pequeño avance, ese paso casi invisible, ya es un triunfo.

Lo curioso es que esa filosofía también está bordada en la construcción de Hora Cero. Imagina esto: más de 40 canciones escritas, 10 seleccionadas con el rigor de quien escoge páginas de un diario íntimo. El resultado es un álbum que suena a pop, sí, pero que no teme abrir las ventanas a otros climas: una canción con fuerza roquera, tintes retro trabajados a mano, destellos de reggae y hasta guiños a lo alternativo. Playa Limbo no se pone fronteras: lo suyo es explorar, probar, fluir.

Y eso también se nota en sus colaboraciones. No se trata de estrategias de mercado, sino de respeto y admiración genuina: León Larregui, Saúl “El Jaguar”, Adán Jodorowsky, Ale Zéguer, René, Taiga Brava… cada encuentro les deja nuevas perspectivas y aprendizajes que, como ellos mismos dicen, enriquecen su bagaje y su manera de entender la música.

Esa es quizá la verdadera esencia de Playa Limbo: la capacidad de transformarse sin dejar de ser. Reinventarse y, al mismo tiempo, conservar el corazón. Porque al final, su música no solo cuenta historias de amor y nostalgia, también escribe memorias colectivas donde la resiliencia es protagonista.

Ahora, Monterrey está en su radar. El próximo 12 de septiembre, Playa Limbo llegará a la ciudad con un concierto que promete ser mucho más que un repaso de éxitos. Será un viaje emocional para poder reconocernos en sus letras y un recordatorio de que, aunque no siempre estemos donde queremos estar, siempre hay un ahí voy que nos impulsa a seguir caminando.

Playa Limbo no viene solo a cantar: viene a recordarnos que a veces la música es el salvavidas más honesto que tenemos.

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