La noche del viernes 24 de abril fue casi como entrar a la sala de alguien a escuchar canciones e historias. Así fue el concierto de Chetes en Foro Corona celebrando los 20 años de Blanco Fácil: íntimo, sencillo, lindo… y cargado de memoria.
A las 9 se abrió la cortina para recibir a Lalo Vázquez, encargado de abrir la noche y hacerlo con mucho corazón. El regiomontano aprovechó cada minuto del escenario. Se le notaba conmovido, sabiendo que era una fecha importante. Su set tuvo honestidad y frescura, y la respuesta del público fue inmediata. Sus canciones encontraron eco y dejó claro que su proyecto va tomando fuerza. Fue un arranque cálido para una noche que ya prometía.
Poco antes de las 10 apareció Chetes y arrancó con “Poco a poco”.El lugar explotó. Desde la primera nota todos estaban cantando. Como si nadie hubiera olvidado una sola palabra en dos décadas.
Fueron cayendo joyas como “Algo tienes que perder”, “Qué vas a hacer”, “Sobreviví”, “Que me maten”, en la que además se vivió uno de los momentos más tiernos del show cuando subió a su hija, Lisa Garza a tocar guitarra junto a él, provocando que el público enloqueciera.
Después llegaron “Completamente”, “El camino a casa”, “Regresa”, “Vete”, “El sonido de tu voz”… pura canción que se siente en el pecho.
Varias veces entre pausas se escuchó el público gritándole “¡Te amo!”. Y sí, se entendía perfecto por qué.
Porque Chetes tiene esa rara capacidad de hacer canciones elegantes sin perder sencillez. Desde los años de Zurdok hasta su etapa solista, ha sido autor de himnos para varias generaciones. Blanco Fácil no solo fue un disco importante: fue soundtrack de una época.
También hubo espacio para “Querer”, para corear eso de saber que en nadie tienes que creer como si fuera una consigna.
Más de una hora de show que se fue rapidísimo. Chetes pasó de la guitarra al piano mostrando una musicalidad brutal, reinterpretando sus rolas de manera increíble y haciendo algo difícil: no solo tocar canciones viejas, sino devolverles presente.
Por momentos parecía que el tiempo se doblaba. Regresamos a esa juventud de discos, amores torpes, carreteras nocturnas y rock pop que nos formó.
Y eso fue quizá lo más lindo del concierto: no fue solo un aniversario de Blanco Fácil, fue recordar por qué esas canciones siguen aquí.
Un show súper cercano, íntimo y sin pretensiones, donde bastaron buenas canciones, un gran músico y un público entregado para hacer algo realmente especial.
Imágenes por: Isabella García
Comentarios
Publicar un comentario