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El regreso de Fobia fue una explosión de nostalgia, arte y emociones intactas

A las verdaderas almas en espiral:

Conocí a Fobia siendo una adolescente y simplemente sus letras, ritmos e increíble propuesta me volaron los sesos. Me considero una verdadera fan que puede escuchar su música incansablemente sin cansarse jamás. Porque Fobia tiene algo que muy pocas bandas poseen: un sonido único, atemporal e irreemplazable.

Para muchos, se trataba de una banda adelantada a su época. Para otros, eran “niños bien” haciendo rock extraño y sofisticado. Pero el tiempo terminó dándoles la razón. Fobia supo ganarse el cariño del público hasta convertirse en una de las bandas más importantes y fascinantes del rock mexicano.
Verlos hoy, después de cuatro décadas de historia intermitente sobre los escenarios, sigue siendo una experiencia profundamente emocional.
Cuatro fundadores en escena con personalidades arrolladoras y una química imposible de fabricar.


Javier Ramírez “El Cha”, actor, conductor, fundador de Moderatto y, por supuesto, el bajista de la banda, con esa energía juguetona y magnética que siempre lo ha caracterizado.

Iñaki Vázquez en los teclados, compositor brillante y también parte fundamental de Moderatto, sosteniendo atmósferas y texturas que hacen de Fobia una banda distinta.

Leonardo de Lozanne… la voz y la presencia escénica capaces de arrancar suspiros apenas pisa el escenario. No solo por su físico, sino por la manera en que entiende cada movimiento, cada silencio y cada canción. Leonardo disfruta cada rola como si la estuviera descubriendo por primera vez y eso hace que todo cobre otra dimensión. Además de Fobia, sigue involucrado en múltiples proyectos como A Date With Elvis, que visitó Monterrey en 2024, Rock Jude Fest y colaboraciones recientes como “Remote Control” junto a Sussie 4.

Y por supuesto Paco Huidobro: el genio detrás de la guitarra naranja neón y de esas letras minuciosamente escritas, llenas de mística, poesía, referencias literarias y símbolos que marcaron a generaciones enteras que crecimos entre los 80 y 90.
La incorporación de Elohim Corona en la batería terminó siendo otro gran acierto. Su debut oficial con Fobia ocurrió en Vive Latino y desde entonces logró ganarse su propio lugar dentro de la banda. Jay de la Cueva fue un baterista extraordinario, sí, pero Elohim aporta otra energía: traviesa, explosiva, juguetona y totalmente visceral.

Poco después de las 9:00 de la noche, con el Escenario GNP Seguros completamente lleno y la expectativa flotando en el aire, comenzaron a aparecer en las pantallas imágenes de seres alados y esculturas de cerámica en close-up. Todo entonces comenzó a hacer sentido. Paco Huidobro alguna vez explicó que gran parte de la estética de Fobia surgía de la necesidad de describir emociones humanas a través de analogías animales y comportamientos extraños y justamente esa estética selvática, orgánica y casi fantástica dominó visualmente toda la gira 2026.
Primero apareció Paco. Después Iñaki. Luego El Cha. Más tarde Elohim, cuyos primeros beats hicieron transición entre sonidos de aves y atmósferas selváticas hasta recibir finalmente la voz cautivadora de Leonardo con “Veneno Vil”

El Escenario GNP Seguros simplemente explotó la noche del sábado 23 de mayo.

Luces rojas. Gritos. Catarsis inmediata.

Elohim vestido de carmesí golpeando la batería con furia elegante. Leonardo impecable en traje oscuro y camiseta blanca. Iñaki serio, pero juguetón desde sus teclados, acompañado de un pequeño pollo de plástico que terminó robándose varios momentos en las pantallas. El Cha desbordando carisma. Y Paco… normalmente reservado, pero esta vez sonriendo gran parte del concierto, seguramente sintiendo esa conexión inmediata con el público regiomontano entregado por completo durante dos horas.

No se trataba del  “mundo feliz” de Aldous Huxley sino el verdadero mundo feliz de Fobia.

“No eres yo” fue la segunda canción y después llegó “Plástico”, una de las piezas más fascinantes de Leche. Experimental, irregular, desorientadora y adelantadísima a su tiempo. Luego apareció “Dios bendiga a los gusanos” y el público simplemente enloqueció. Era volver de golpe a ese álbum homónimo de 1990 que redefinió el rock nacional.

Seguida por “El Crucifijo”, probablemente uno de los himnos más importantes de toda una generación. Una canción hechizante, oscura, gótica y profundamente poética. La voz de Leonardo junto a las letras de Paco siguen produciendo exactamente el mismo efecto: explosividad emocional absoluta.

Entonces Leonardo tomó unos minutos para hablarle a Monterrey y agradecer el cariño que la ciudad siempre le ha dado a la banda desde sus inicios.

“La razón por la cual estamos arrancando en ciudades tan importantes como Monterrey es porque aquí nacieron los primeros fans de Fobia. Los primeros clubs de fans que hasta el día de hoy siguen existiendo”.

Y sí se sintió así. Como una curaduría emocional cuidadosamente diseñada para quienes crecimos escuchándolos.

Entonces llegó “Corazón en caracol” y honestamente sigue siendo una de las canciones más hermosas jamás escritas dentro del rock mexicano. Una pieza que logra traducir emociones imposibles de explicar durante la juventud: nostalgia, ansiedad, melancolía y sensibilidad extrema.

Paco Huidobro encontró la manera exacta de poner en palabras pensamientos que normalmente permanecen atrapados dentro de uno mismo. Escucharla en vivo tantos años después le añade nuevos matices. Más maduros. Más profundos.

“Caminitos hacia el cosmos” confirmó algo impresionante: Leonardo conserva intacta la voz. Suena igual que en 1991. Y eso también habla de respeto absoluto hacia su público.

Cuando las cinco voces se unen ocurre algo casi perfecto. Un orgasmo auditivo.

Fobia sigue siendo un ícono absoluto del rock nacional.

“Pudriendo”, “No soy un buen perdedor”, “Descontrol”, “Miel del escorpión”, “Regresame a Jupiter”… cada canción parecía construir un puente emocional entre el pasado y el presente.

Porque Fobia no envejeció tratando de ser relevante.

Envejeció con dignidad.

“Hipnotízame” convirtió el recinto entero en un océano de celulares iluminados. “Fiebre” hizo explotar el escenario. Todos parecían completamente hechizados por la música que definió gran parte de las últimas décadas del siglo pasado.

“Maten al DJ” confirmó algo que sigo creyendo: Leche no es solamente un disco. Es una obra maestra.

Después de “Hoy tengo miedo”, la banda salió del escenario, pero nadie estaba dispuesto a dejarlos ir.

Regresaron entonces con “Vivo”, ya con Leonardo sin chaqueta, resplandeciendo únicamente con camiseta blanca, seguido por “Revolución sin manos” y “El Diablo”.

Y entonces llegó uno de los momentos más explosivos de la noche: el solo de batería de Elohim Corona. Preciso, salvaje y lleno de energía.

La despedida ocurrió con “Microbito”, mientras serpentinas, colores y personas del público invadían el escenario jugando junto a la banda.

Así terminó una noche profundamente emotiva e inolvidable.

Entre nostalgia, poesía, guitarras, lágrimas discretas y canciones que siguen envejeciendo con una dignidad impresionante porque algunas bandas sobreviven al tiempo y otras, como Fobia, terminan convirtiéndose en parte de nuestra propia historia emocional.

¡Gracias, Paco! Cada canción es esa poesía que logró describir con precisión emociones y sensaciones imposibles de explicar en un mundo que constantemente te obliga a aparentar felicidad, pero donde también resulta necesario mirar de frente la oscuridad para algún día decidir abandonarla, entre historias que envuelven, hipnotizan y terminan atrapándonos.

Escucharles por primera vez en su primer álbum logró desarrollar imágenes visuales profundamente poderosas de manera interna en cada uno de nosotros, porque en aquella época la tecnología todavía no irrumpía del todo y todo sucedía dentro de la imaginación. Microbito fue tan adelantada a su tiempo que incluso ese mismo concepto terminó siendo explorado por Almodóvar en un short film dentro de Hable con ella (2002). Desconozco siquiera si tuvo oportunidad de escuchar la canción, pero justamente esto se convierte en algo fascinante con el verdadero arte porque provoca una serie infinita de acontecimientos, analogías y conexiones invisibles, como una cadena que termina encontrándonos, atravesándonos y habitándonos para siempre y por eso mismo repito una vez más: Fobia sencillamente se adelantó a su tiempo y seguirá vigente en todo aquel que tenga sentidos para disfrutar el arte de su universo.

Imágenes por: Arqueles García




Comentarios

  1. Que hermosa Reseña!!!
    Muchas Gracias. Atte. Elohim Corona baterista de Fobia.

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