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Lluvia, funk, nostalgia y Plastilina Mosh a medianoche: así se vivió el Dynamita Sessions en Rincón Tostitos

Monterrey tuvo una de esas noches donde la música termina convirtiéndose en toda una experiencia. Entre lluvia, luces reflejándose sobre el asfalto mojado, food trucks, familias completas y miles de personas caminando entre escenarios, el Dynamita Sessions en Rincón Tostitos se transformó en una pequeña ciudad alternativa donde el funk, el rock regio y la nostalgia convivieron hasta entrada la madrugada.

Desde que empezó a caer la lluvia en la tarde ya se sentía esa vibra rara y emocionante de “algo bueno va a pasar”. La raza comenzó a llegar poco a poco, algunos con familia, otros con amigos, muchos buscando comida, cheve y buena música para olvidarse un rato del caos cotidiano.

La noche arrancó bastante bien con Chris Méndez, músico regio con esencia punk que tomó el escenario del patio central cerca de las 6:30. Entre lluvia ligera y gente acomodándose por todos lados, soltó un show lleno de actitud, guitarras y energía callejera que encendió el ambiente rapidísimo.

Después vino el clásico movimiento masivo de festival: todos caminando hacia el estacionamiento principal mientras la lluvia amenazaba con arruinar la noche. Pero Monterrey ya sabe sobrevivir conciertos bajo lluvia y entonces aparecieron Los Amigos Invisibles.

Desde la intro musical ya se sentía que algo iba a explotar. El groove comenzó a envolver todo el lugar y la gente empezó a acercarse cada vez más hasta llenar completamente el espacio.

Cuando salió Julio Briceño bailando con ese carisma imposible de ignorar, ya nadie estaba pensando en el clima.

La banda venezolana convirtió Rincón Tostitos en una pista gigante de funk latino, bajos deliciosos y ritmos que literalmente hicieron bailar hasta al más tieso. Además se aventaron un set larguísimo y súper disfrutable donde no dejaron caer la energía ni un segundo.

Y hubo un momento muy lindo cuando hablaron de Monterrey y de lo emocionados que estaban por compartir escenario con Plastilina Mosh. Se sentía genuina la admiración hacia Jonaz y Rosso.

Después vino Genitallica y honestamente fueron el puente perfecto entre el groove tropical y la locura regia que venía después.

Rock irreverente, desmadre, gente brincando, cantando y disfrutando como si fuera reunión entre compas. Lo único triste fue que tocaron menos tiempo del que muchos queríamos.

Yo justo me alejé un rato al área de comida para sobrevivir físicamente antes del acto principal… y honestamente qué buena experiencia resulta esa parte del Rincón Tostitos. Food trucks, música de fondo, espacio para relajarte tantito y luego volver al caos musical.

Y entonces… la espera eterna. Casi una hora después de lo acordado, pero valió completamente la pena porque cuando Plastilina Mosh apareció poco después de las 12 de la noche, el lugar explotó.

Las pantallas llenas de visuales vintage con una genial curaduría kitsch, el humor peculiar, la producción súper cuidada y esa energía absurda tan característica hicieron que todos entráramos automáticamente en modo nostalgia feliz.

Sonaron clásicos brutales: “Afro Man”, “Millionaire”, “Mr. P. Mosh”, “Disco Ball”, “Peligroso Pop”, “Pervert Pop Song”, “Te lo juro por Madonna”… y el cierre con “Nalguita” fue una locura colectiva.


Siempre resulta un verdadero gustazo ver en vivo a Jonaz y Rosso. La química entre ambos, su creatividad y esa locura tan característica siguen haciendo de Plastilina Mosh una experiencia completamente distinta arriba del escenario.

Algo que llamó muchísimo la atención fue la mezcla de generaciones entre el público. Había gente de todas las edades cantando las canciones, reflejo claro de que Monterrey llevaba tiempo esperando volver a ver a la banda en casa.

La energía juguetona del show, los visuales cuidadosamente trabajados y esa vibra nostálgica que acompaña sus canciones terminaron convirtiendo la madrugada en una fiesta increíble que mantuvo a todos conectados de principio a fin.

Salimos cansados, pero felices y es que Plastilina Mosh sigue teniendo algo muy difícil de encontrar: una propuesta que incluso hoy continúa sintiéndose original. Desde aquella primera vez que los vi en 1997 durante Nuestro Rock en el Teatro Metropolitan de la CDMX, dejaron claro que su sonido no se parecía a nada de lo que sonaba en ese momento. Décadas después, siguen siendo referentes de innovación dentro de la música alternativa mexicana.

La mejor despedida llegó saliendo del concierto.

Porque todavía faltaba Kaotico poniendo rolitas guapachosas como “El Gran Varón” para que la raza siguiera bailando camino a la salida.

Terminamos cansados, medio mojados… pero increíblemente felices.

De esas noches donde Monterrey vuelve a recordar por qué aquí la música se vive distinto.

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