Hay artistas que llegan a promocionar un concierto. Susana Zabaleta llega a provocar conversaciones y quizá por eso sigue siendo una de las figuras más fascinantes —y necesarias— del espectáculo mexicano. Porque mientras muchos artistas cuidan cada palabra para no incomodar a nadie, ella sigue hablando desde la intuición, la cultura, la emoción y la conciencia. Con errores, excesos, contradicciones y también con una honestidad cada vez más rara dentro de la industria.
Porque cuando comenzaron a preguntarle sobre los arreglos sinfónicos y el reto de adaptar canciones tan populares a una orquesta, apareció una Susana profundamente musical, sensible y consciente del peso emocional que tienen esas canciones dentro de la memoria colectiva mexicana.
“El gran reto es que la gente escuche lo más parecido a la música original… pero todavía mucho mejor.”
Y en esa frase resumió perfectamente el espíritu del proyecto porque no se trata de convertir a Juan Gabriel en música “elegante” para validarlo culturalmente. Eso ya quedó superado hace mucho tiempo. Se trata de amplificar emocionalmente canciones que ya viven dentro de millones de personas.
Zabaleta recordó entonces las historias que el maestro Enrique Patrón le contaba sobre los conciertos de Juan Gabriel en Bellas Artes. Habló de él no solo como compositor, sino como un músico intuitivo absolutamente extraordinario.
“Él sabía exactamente cuándo parar y decir un poema.”
La manera en que lo narraba parecía casi cinematográfica: Juan Gabriel frente a la orquesta, sintiendo el ritmo emocional del público sin necesidad de explicar técnicamente nada.
Y entonces soltó una de las frases más potentes de toda la tarde:
“Para ser músico no se necesita estudiar, se necesita tener ese talento que tenía él.”
Ahí estaba la Zabaleta que más vale la pena escuchar. No la figura polémica de titulares fáciles. Sino una mujer profundamente formada, sensible y culturalmente inquieta, capaz de hablar de música popular con el mismo respeto con el que habla de ópera o teatro.
También hubo algo muy emocionante en verla defender la música sinfónica como un espacio vivo y popular, lejos de la idea elitista que durante años rodeó a las orquestas.
Mientras Rodrigo Hernández explicaba cómo las cameratas buscan abrir nuevos públicos y recuperar esa conexión emocional que la música clásica tenía originalmente, Susana parecía completamente comprometida con esa visión.
Porque al final Juan Gabriel también hizo exactamente eso: romper las barreras entre lo popular y lo “culto” y quizá por eso ella entiende tan bien el homenaje.
La conversación avanzó entre partituras, arreglos musicales y recuerdos del Divo de Juárez, pero poco a poco terminó entrando en territorios mucho más profundos: la soledad, la fama, el amor, el miedo, la diferencia y la necesidad de resistir emocionalmente en tiempos difíciles.
“Es de valientes vivir la vida que tienes que vivir.”
Y mientras hablaba, daba la impresión de que esa frase no solo describía a Juan Gabriel. También la describía completamente a ella.
Porque guste o no, Susana Zabaleta sigue siendo una artista incómoda en el mejor sentido posible: una mujer que piensa, lee, cuestiona, siente y habla demasiado en una época donde muchos prefieren no decir nada.
Y quizá por eso sigue dando tanto de qué hablar.
No desde el escándalo vacío.
Sino desde la conciencia. Desde la cultura. Desde una voz que todavía se atreve a sentir cosas reales frente al público.
Imágenes por: Arqueles García
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