Cada copa tiene una historia: mi recorrido por el Mezcal Fest Monterrey

Entrar a Casa Vecchia durante el Mezcal Fest Monterrey fue como abrir la puerta a un mundo donde el tiempo se detiene y las historias comienzan a servirse en pequeñas copas. La elegancia del lugar, la música en vivo y el ambiente de celebración anunciaban que aquella noche sería mucho más que una simple degustación.

Con el kit en mano, comenzó el recorrido entre más de 30 marcas de mezcal provenientes de distintos puntos del país. Cada mesa era una invitación a conocer algo nuevo: un agave diferente, un método artesanal, una región de México y, sobre todo, a las personas que dedican su vida a mantener viva esta tradición.

Uno de los grandes regalos de la tarde fue escuchar a Ignacia Villafaña Ojeda, maestra mezcalera oaxaqueña y quinta generación de una familia dedicada a este oficio desde hace más de dos siglos. Durante su charla magistral recordó que el mezcal es mucho más que una bebida: es una expresión de identidad, territorio y herencia cultural. 

Es importante explicar a la gente la importancia de nuestros valores, de nuestras tradiciones y de nuestro México bello.  

 Nos compartió al hablar sobre sus raíces en Oaxaca y el trabajo artesanal que realiza junto a su familia.

La cata de sus tres productos se convirtió en una experiencia de aromas, recuerdos y sensaciones que permitió comprender la complejidad detrás de cada variedad de agave. 

Cada variedad cambia y eso es lo especial y lo único que la hace. 

Explicó al describir las diferencias entre sus mezcales silvestres. Quizá una de las reflexiones más valiosas de la conversación llegó al hablar sobre el reconocimiento de los maestros mezcaleros: 

No hay un papel que te diga que eres maestro mezcalero; son conocimientos que te heredan y tú mismo te das cuenta cuando logras hacer un buen producto. 

Una filosofía que resume el espíritu de una tradición transmitida de generación en generación y que ella continúa preservando como orgullosa representante de una familia que lleva más de 200 años elaborando mezcal.

Caminar después por los rincones de Casa Vecchia mientras sonaba la música en vivo fue continuar descubriendo pequeños tesoros. Los expositores no solo ofrecían una muestra de su producto; ofrecían su historia, el origen de su nombre, el orgullo por su tierra y el amor que existe detrás de cada proceso.

Uno de los encuentros más entrañables fue con Mezcal Hermoso Cariño, una marca que lleva en su esencia un homenaje musical y familiar. Poder conversar con Mirza Maldonado, hija del compositor Fernando Z. Maldonado, y con el Ing. Alberto Gonzalez Castro, su yerno y promotor de la marca, permitió descubrir cómo una de las canciones más emblemáticas de la música mexicana encontró una nueva forma de mantenerse viva a través del mezcal.

Esta botella es un homenaje al compositor de la canción Hermoso Cariño

Nos explicó Alberto al mostrar una etiqueta que incluso incorpora la partitura original de la obra. Para él, el proyecto va más allá de comercializar una bebida: 

La canción representa todo México y queremos ir cubriendo poco a poco cada espacio de México

Señaló al hablar de una iniciativa que busca reunir distintos destilados tradicionales del país bajo el cobijo de un legado musical. Su visión es clara: llevar “un pedacito de México” a los connacionales que viven fuera del país y continuar expandiendo el proyecto con nuevas referencias inspiradas en otras composiciones del autor.

La emoción se hizo aún más evidente al escuchar a Mirsa Maldonado reflexionar sobre el legado de su padre. 

La música es una puerta abierta al mundo; donde vayas, un ‘Hermoso Cariño’ o un ‘Volver, Volver’ se escucha

Expresó con orgullo evidente en el rostro. Sus palabras resumieron décadas de historia musical y el impacto universal de canciones que siguen acompañando a generaciones de mexicanos dentro y fuera del país. 

Tenemos un legado muy hermoso 

Añadió, recordando que estas composiciones se han convertido en verdaderos íconos de la cultura nacional. 

Más que una degustación, el encuentro se transformó en una conversación sobre memoria, identidad y pertenencia. Entre notas de agave y anécdotas familiares, quedó claro que algunos proyectos logran trascender el producto para convertirse en un puente entre generaciones, donde la música, la tradición y el orgullo de ser mexicano encuentran un mismo punto de encuentro.

Además, recibir consejos de quienes elaboran y conocen esta bebida hace que cualquier persona, incluso quien tiene poca experiencia con el mezcal como una servidora, pueda acercarse sin miedo y aprender a apreciarlo. Esa cercanía entre productores y asistentes es lo que convierte a este festival en una experiencia única.

Al final del recorrido, dejó mucho más que degustaciones y etiquetas memorables. Fue una oportunidad para encontrarse con las historias de maestros mezcaleros, creadores y expositores que han convertido su oficio en una forma de preservar identidad, tradición y territorio. Cada nombre descubierto escondía un significado especial; cada botella, una historia digna de ser contada. Resultó imposible guardar todos los recuerdos en una sola visita, pero las imágenes y los testimonios recopilados permanecerán como una ventana para seguir conociendo a quienes dan vida a esta cultura. Nos queda la satisfacción de haber recorrido un universo de aromas, emociones y saberes, así como la expectativa de volver a encontrarnos en una próxima edición para descubrir nuevas historias que aún esperan ser compartidas.


Comentarios

Anónimo dijo…
Muchas gracias por tu artículo. Un placer conocerte y tener la oportunidad de comentar sobre nuestro proyecto "Hermoso Cariño"