Aranza vuelve a Monterrey con despecho, recuerdos y una voz hecha de vida

 

MONTERREY, NL.— Aranza llegó a Monterrey con una deuda pendiente y la saldó frente a su público: cantar. La noche del sábado 22 de agosto, antes de subir al escenario del Auditorio Río 70, la intérprete conversó con los medios y dejó claro que, después de décadas de trayectoria, todavía hay canciones, historias y heridas que siguen encontrando nuevas generaciones.

“Ya tenía muchas ganas de venir”, confesó sonriente al recordar la ocasión anterior en que su presentación en el recinto no pudo concretarse. La cantante aclaró que aquella cancelación no tuvo que ver con ella, sino con cuestiones relacionadas con los empresarios. Esta vez, sin embargo, el encuentro finalmente ocurrió y Monterrey respondió y si hay una palabra que parece acompañar el presente de Aranza, esa es despecho.

La cantante reconoció que ya se ha hablado de reunir voces para un posible disco dedicado a ese sentimiento, un concepto que, asegura, ha conectado especialmente con el público. Y Monterrey, advirtió, sería un territorio ideal para llevarlo a escena: “el público de Monterrey le encanta ese rollo, es bien intenso”.

Una voz que ahora canta con las cicatrices

Hablar de Aranza es hablar inevitablemente de “Mirada de mujer”, la canción que transformó su carrera y que, más de 30 años después, continúa encontrando nuevos escuchas.

¿Qué tiene hoy su voz que no tenía entonces?

La respuesta fue tan sencilla como contundente: “Muchas penas”.

Para Aranza, la experiencia, las vivencias y el oficio han cambiado su manera de interpretar. No canta hoy como cuando tenía 25 años, y justamente ahí encuentra una de las mayores riquezas de su trayectoria: la posibilidad de ponerle a una canción no sólo técnica, sino vida.

“Mirada de mujer” fue, reconoce, un parteaguas. Ya había grabado dos discos y contaba con un éxito ligado a una telenovela, pero aquella canción la colocó definitivamente en el mapa.

Lo sorprendente es que el ciclo nunca terminó.

La canción volvió a circular entre generaciones más jóvenes, se convirtió nuevamente en fenómeno viral y encontró nuevos intérpretes. Aranza celebra que María José y Yuridia hayan hecho sus propias versiones y no descarta la posibilidad de compartir algún día el escenario con ellas.

Para ella, la permanencia de “Mirada de mujer” demuestra que las canciones verdaderas no desaparecen: se transforman, envejecen con dignidad y vuelven cuando una nueva generación las descubre.

El “migajero” siempre ha existido

En plena era del llamado “despecho”, también apareció una palabra que parece nueva, aunque Aranza sostiene que el personaje no lo es: el “migajero”.

El término podrá ser reciente, pero la conducta, dice entre risas, es tan vieja como las relaciones humanas.

“¿Quién no le ha entrado a la migaja alguna vez?”, planteó.

Y quizá ahí está parte del éxito actual de las canciones de desamor: hablan de experiencias que cambian de nombre, pero no de esencia.

Manzanero y la lección de las lentejuelas

La presencia de Armando Manzanero apareció también en la charla. Aranza recordó con especial cariño al maestro y uno de sus consejos más memorables, dicho con el particular sentido del humor que lo caracterizaba.

“Bájele de tono, le van a pagar igual”, le decía cuando la escuchaba cantar demasiado agudo.

La frase se convirtió con los años en una enseñanza mucho más profunda. Aranza reconoce que cuando uno es joven quiere darlo todo, incluso desde la apariencia, pero con el tiempo descubre que las lentejuelas no son lo esencial.

Aunque confiesa ser una “drag de corazón” y disfrutar enormemente del espectáculo, aprendió que puede presentarse con un traje sencillo y que, si lo que entrega sobre el escenario es auténtico, el público responde de la misma manera.

La lección de Manzanero, entonces, quedó resumida en una idea: el espectáculo puede vestir de lentejuelas, pero la música se sostiene con lo que ocurre cuando el cantante abre la boca.

Contra la música desechable

Con seis años al frente de un programa que ha reunido a artistas de distintas generaciones, Aranza también habló de la música actual.

No reniega de las nuevas generaciones ni de las redes sociales. Al contrario: celebra a quienes consiguen ser artistas, famosos e influencers. Pero sí cuestiona una tendencia que considera preocupante: que algunas canciones parezcan hechas para consumirse y olvidarse rápidamente.

Para ella, la verdadera permanencia es otra cosa.

Por eso artistas como Yuri, Dulce o Manoella Torres siguen siendo referencia, y por eso las composiciones de Manzanero vuelven una y otra vez.

Aranza no habla desde la nostalgia, sino desde el oficio. Su programa le ha permitido descubrir nuevas voces y propuestas que, asegura, demuestran que todavía existe gente joven interesada en hacer música de calidad.

El chisme, la prensa y una llamada de atención

La conversación también tuvo espacio para uno de los episodios mediáticos que recientemente la colocaron en los titulares: el supuesto coqueteo del que se habló a raíz de un comercial.

Aranza fue clara: sí hubo un coqueteo, pero lo calificó como algo inofensivo y ocurrido dentro de un contexto de trabajo. Lo que le sorprendió fue la velocidad con la que la historia creció.

Recordó que en una ocasión anterior había hecho una especie de experimento con la prensa y el resultado había sido inmediato. Esta vez, dijo, ocurrió involuntariamente.

Su molestia no fue tanto por la historia, sino porque medios que normalmente no acudían a sus convocatorias aparecieron rápidamente cuando surgió el chisme.

Con humor, pero también con firmeza, lanzó una crítica que bien podría resumir su relación con la prensa: sí al espectáculo, pero no necesariamente al chisme.

Y aclaró que nunca inventó la historia para promocionar su nuevo lunario.

Aranza, de vuelta donde quería estar

Al final, entre risas, recuerdos, canciones y uno que otro reclamo a los medios, Aranza dejó ver a una artista que no necesita reinventarse para mantenerse vigente.

Su secreto parece estar en algo mucho más sencillo: seguir cantando.

Las nuevas generaciones pueden descubrir “Mirada de mujer” en una plataforma digital, una versión reciente o un programa de televisión. Pero cuando Aranza la interpreta, la canción vuelve a su origen: una mujer que ha vivido, amado, sufrido y aprendido a cantar con todo eso encima.

Por eso su regreso a Monterrey no fue solamente una presentación pendiente.

Fue el reencuentro de una voz con una ciudad que llevaba tiempo esperándola.

Y, como la propia Aranza dejó entrever, algunas canciones nunca se van, sólo esperan a que alguien vuelva a necesitarlas.

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