Cobertura Especial de Ricardo Espinosa Torres
MONTERREY.— Cuatro décadas de carrera podrían resumirse en una lista de éxitos, pero Mijares eligió una manera mucho más elegante de contarlas: volver a cantarlas acompañado por una orquesta.
El sábado 29 de agosto, el Escenario GNP Seguros recibió el espectáculo “Mijares Sinfónico 10 años”, una presentación que unió dos capítulos fundamentales de la historia del intérprete: sus 40 años de carrera artística y la primera década de su propuesta sinfónica.
El resultado fue una noche de grandes canciones, recuerdos, humor y una conexión permanente con el público regiomontano.
Desde que el concepto sinfónico se consolidó en 2016, Mijares ha encontrado en los arreglos orquestales una manera de revisar su propio repertorio. A diez años de aquel primer proyecto, la fórmula sigue funcionando porque no intenta disfrazar las canciones: las amplía.
La orquesta permitió que temas como “Soldado del Amor” y “Bella” adquirieran una nueva dimensión sin perder aquello que los convirtió en clásicos y ahí estuvo una de las grandes virtudes de la noche: Mijares no necesitó competir con su propia historia.
La interpretó.
Un repertorio que pertenece a varias generaciones
La selección musical recorrió diferentes momentos de su trayectoria y también incluyó canciones que, aunque no fueron originalmente escritas por él, forman parte de su identidad interpretativa.
“El Privilegio de Amar”, escrita por Manuel Alejandro, fue uno de esos momentos en los que la música dejó de pertenecer a una época específica.
También apareció “Uno entre Mil”, adaptación al español de “Uno su mille”, popularizada originalmente por Gianni Morandi.
Son canciones que han sobrevivido porque tienen algo que va más allá de la moda: melodías reconocibles, letras que encuentran nuevos significados y voces capaces de hacerlas propias.
Mijares lleva 40 años demostrando precisamente eso.
El sinfónico también puede ser divertido
Quizá uno de los aspectos más agradables de la noche fue que el concierto no se convirtió en una ceremonia rígida sino todo lo contrario.
Mijares conversó con el público, hizo bromas, contó anécdotas y mantuvo una interacción constante con los músicos.
La orquesta, lejos de permanecer como un elemento distante, también terminó involucrada en varios de esos momentos espontáneos.
Entre canción y canción, el artista mostró esa faceta que muchas veces queda fuera de los grandes escenarios: la del intérprete que disfruta estar ahí y el público lo agradeció.
Una década que se escucha
El aniversario de los diez años de su propuesta sinfónica no fue solamente una cifra.
Se escuchó en la manera en que las canciones fueron reconstruidas y en la seguridad de un artista que conoce perfectamente su repertorio.
La propuesta sinfónica nació como una celebración de su historia y terminó convirtiéndose en una de las facetas más queridas por sus seguidores. En 2026, la celebración adquirió un significado mayor al coincidir con sus 40 años de trayectoria.
En Monterrey, esa combinación encontró un público dispuesto a recordar y a cantar.
Porque aunque la orquesta puso la elegancia, fueron los asistentes quienes terminaron poniendo el coro.
Tres aniversarios, una misma noche
Mijares también tuvo palabras para el recinto y felicitó al Escenario GNP Seguros por sus diez años.
El gesto terminó de redondear una noche de aniversarios.
Diez años del escenario.
Diez años del concepto sinfónico.
Cuarenta años de Mijares.
Tres números que, juntos, explicaron por qué la noche tenía un significado especial, pero los números son solamente números hasta que se convierten en experiencias y el sábado, en Monterrey, se convirtieron en música.
Mijares no presentó solamente un concierto retrospectivo. Presentó una versión viva de su trayectoria, acompañada por una orquesta y recibida por un público que demostró que los grandes clásicos no necesitan presentación, sólo necesitan sonar.
Y cuando sonaron “Soldado del Amor”, “Bella”, “El Privilegio de Amar” y “Uno entre Mil”, quedó claro que cuatro décadas después, Mijares sigue teniendo algo que quizá sea mucho más difícil de conseguir que un éxito: una historia musical que el público todavía quiere cantar.
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