Darío llegó con una guitarra.
Nada más.
Bueno, nada más y una voz capaz de llenar cada rincón del Foro Corona.
La noche del jueves 6 de agosto, el escenario se convirtió en algo mucho más íntimo de lo que suele ser un concierto. Darío, vocalista de Comisario Pantera y creador de Vitálico, decidió comenzar en Monterrey la gira “Mi Lugar Feliz”, una experiencia que él mismo describió como storytelling y vaya que lo fue.
Entre canción y canción hubo historias, explicaciones, recuerdos y esa sensación de estar escuchando a un músico hablarle directamente al público, sin una barrera entre el escenario y quienes estaban frente a él.
Darío agradeció la presencia de la gente y el apoyo de Speedy y Foro Corona, pero sobre todo dejó claro por qué decidió emprender este viaje: porque a veces un músico necesita regresar a la raíz.
A la canción.
A la emoción.
A ese instante en el que una guitarra y una voz son suficientes.
La propuesta encontró un compañero ideal en Esteban Gómez González, exintegrante de Odiseo, quien apareció también armado únicamente con su guitarra y una voz que llevó la noche hacia un territorio particularmente nostálgico.
Había algo de aquellas baladas estilo de los ochenta.
Algo de neo-trova, algo de canción de madrugada, pero sobre todo, había emoción.
Esteban y Darío demostraron que lo acústico no tiene por qué significar sencillo. Al contrario: cuando desaparecen las capas de una producción, las canciones quedan expuestas y cualquier imperfección puede convertirse en parte de su belleza.
Después llegó uno de los momentos más especiales de la noche: ambos artistas compartiendo escenario, mientras Darío se sentaba frente al piano y los dos construían las canciones utilizando pedales looper, creando figuras musicales que crecían poco a poco alrededor de sus voces.
Entonces aparecieron “Si yo soy”, “Mi lugar feliz”, “No Quiero Ser Tu Amigo”, “Y Fue Así Que Te Imaginé”, “Prendido El Fuego”, “Nada Se Compara”, “De Súbito” y “Y Sin Saber”.
Canciones que, en ese formato, parecían cambiar de piel.
Algunas sonaron como recuerdos.
Otras como confesiones y algunas como esas viejas canciones que uno escucha cuando necesita que alguien más diga exactamente lo que uno está sintiendo.
El reloj ya había pasado las 10 de la noche cuando comenzó el concierto y, durante más de hora y media, el público permaneció conectado con una propuesta que apostó por algo que en estos tiempos parece cada vez más valioso: escuchar.
Escuchar una letra.
Escuchar una respiración.
Escuchar el silencio antes del siguiente acorde.
La gira continuará por Tijuana, Morelia, Los Ángeles, Cancún, Mérida y otras ciudades, pero Monterrey tuvo el privilegio de convertirse en el primer escenario de este recorrido y quizá no fue casualidad.
Darío y Esteban son músicos que ya conocen lo que significa formar parte de proyectos importantes, de bandas con público y escenarios propios. Sin embargo, esa experiencia no parece haber apagado la curiosidad. Al contrario: los llevó a buscar nuevas formas de expresarse.
Porque un artista no deja de crecer cuando alcanza un escenario grande.
Crece cuando todavía tiene ganas de experimentar.
Eso fue “Mi Lugar Feliz” en Monterrey.
Un concierto sin demasiadas capas.
Sin distancia.
Sin necesidad de demostrar nada.
Sólo músicos haciendo lo que aman.
Y un público que, por más de hora y media, decidió acompañarlos en ese viaje.
A veces el lugar feliz no es un sitio, es una canción y a veces, para volver a encontrar el corazón de una canción, hay que quitarle todo lo que le sobra y dejarla respirar y eso fue lo que pudimos experimentar en esa noche del jueves después de disfrutar de su gran show que definitivamente es altamente recomendable.
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