A Bronco no le preocupa cumplir años. Al contrario: parece haber descubierto que cada década trae consigo una nueva manera de seguir haciendo música y Lupe Esparza lo sabe mejor que nadie.
Con casi cinco décadas de historia, el líder de Bronco llegó a Monterrey para hablar de “El Gran Baile”, el espectáculo que regresará a la Arena Monterrey los próximos 2 y 3 de octubre, pero terminó hablando de algo mucho más grande que un concierto: habló de aprender, de escuchar, de la familia y de entender que para mantenerse vigente hay que aceptar que el mundo cambia.
“Tengo que aprender a vivir por esos tiempos”, reconoció Lupe al hablar de las nuevas plataformas, las redes sociales y las exigencias de la industria actual.
Porque sí: el hombre que construyó una parte de la banda sonora romántica de varias generaciones también ha tenido que aprender a moverse en un mundo de TikTok, algoritmos, contenidos inmediatos y canciones que pueden convertirse en éxito… y desaparecer en cuestión de semanas.
Pero hay algo que no ha cambiado: Bronco sigue sonando a Bronco.
La fórmula parece sencilla, aunque mantenerla durante tantos años no lo sea: experimentar sin perder la identidad.
Lupe explicó que la llegada de sangre joven a la agrupación ha permitido refrescar las ideas y los arreglos, pero con una condición innegociable: que al escuchar el primer acorde, el público siga sabiendo quién está detrás y esa juventud también está dentro de casa.
Trabajar con sus hijos ha obligado a Lupe a hacer algo que no siempre resulta sencillo para alguien con una trayectoria tan grande: escuchar.
“He aprendido a no aferrarme a mis ideas que en su momento fueron exitosas”, contó.
Sus hijos han encontrado en él una escuela de profesionalismo, pero Lupe también ha encontrado en ellos una oportunidad para mantenerse en movimiento.
La relación musical entre padre e hijos se ha convertido así en una especie de puente entre generaciones. Ellos crecieron con la historia de Bronco; ahora ayudan a escribir los siguientes capítulos y mientras hablan de música, aparece una escena que resume perfectamente lo que significa ser hijo de Lupe Esparza.
Hace años, los tres intentaron asistir juntos a un partido de Tigres. Ni siquiera llegaron a sus asientos. La gente reconoció a Lupe, se aglomeró a su alrededor y tuvieron que retirarse por seguridad.
Una anécdota que hoy recuerdan con humor, pero que también les permitió comprender desde pequeños la dimensión de la historia que estaban viviendo porque la popularidad de Bronco no se quedó en México.
Los hijos de Lupe contaron que fue durante las primeras giras internacionales cuando realmente dimensionaron lo que significaba su padre para el público. Aeropuertos, escenarios y multitudes cantando las canciones en Argentina, Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile y otros países terminaron de revelarles que la historia de Bronco había crecido mucho más allá de Monterrey.
Y ahora esa historia regresa a casa.
“El Gran Baile” promete un espectáculo diferente al del año pasado, con nueva producción, audiovisuales y vestuario. El repertorio, sin embargo, es uno de esos problemas que cualquier artista quisiera tener: hay demasiadas canciones que el público quiere escuchar.
Lupe incluso bromeó con la duración.
La idea inicial ronda las tres horas, pero, como él mismo dejó entrever, el concierto podría alargarse mientras el público siga pidiendo más.
Porque en Bronco hay canciones que ya no pertenecen únicamente al grupo. Pertenecen a quienes las bailaron, a quienes se enamoraron con ellas, a quienes las escucharon en una ruptura y a quienes ahora se las están enseñando a sus hijos.
Ahí probablemente está la respuesta de por qué Bronco continúa galopando.
No solamente porque tiene canciones conocidas, sino porque esas canciones siguen encontrando nuevas casas.
Y Lupe, con la perspectiva que dan los años, parece haber entendido algo que el joven que comenzó a perseguir el sueño de la música todavía no sabía.
A los 25 quizá habría querido que todo el mundo le dijera que sí.
Hoy sabe que no.
“El tiempo me ha dado, obviamente, la madurez, la sabiduría de saber qué está bien y qué no”, reflexionó.
Tal vez esa sea la verdadera evolución de Bronco: no dejar de ser quienes son, sino aprender a serlo de una manera distinta.
Ahora toca comprobarlo en Monterrey.
El 2 y 3 de octubre, la Arena Monterrey se convertirá nuevamente en pista de baile, karaoke multitudinario y punto de encuentro para varias generaciones.
Porque si algo parece seguro es que Bronco podrá cambiar de vestuario, de arreglos, de escenario y hasta de manera de promocionar sus canciones.
Pero mientras suene el primer acorde y alguien diga “¡esa canción!”, seguirá siendo Bronco.
Imágenes de Arqueles García
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