MONTERREY.— Sobre una monumental antena parabólica, veinte cuerpos parecen desafiar las leyes de la gravedad. Suben, caen, giran, se deslizan y vuelven a encontrar el equilibrio en una estructura que alguna vez fue símbolo de comunicación y que ahora, en escena, se convierte en una especie de eje del universo.
Es “Omphalos”, la creación del reconocido coreógrafo franco-belga Damien Jalet, que llegará por primera vez a Monterrey este sábado 19 y domingo 20 de septiembre, en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad, como parte de una gira nacional impulsada por ABRA Projects, Moves y el Conjunto Santander de Artes Escénicas.
Presentada este jueves 17 de septiembre en el Teatro de la Ciudad, la obra fue descrita por sus creadores como una experiencia donde danza, iluminación, música, escenografía, dramaturgia y mitología convergen para plantear preguntas tan antiguas como vigentes: ¿de dónde venimos?, ¿de qué estamos hechos?, ¿hacia dónde vamos y cuál es nuestro lugar en el universo?
El nombre de la pieza alude al omphalos, el ombligo, entendido como centro, origen y punto de conexión. Esa idea atraviesa una obra que mira hacia los mitos ancestrales para hablar también del presente: de la tecnología, de la aceleración del tiempo y de una sociedad cada vez más conectada digitalmente, pero que paradójicamente puede sentirse más distante de los otros.
“Omphalos” propone así una reescritura de los mitos.
Para Catalina Navarrete, dramaturga de la pieza, la investigación partió de conversaciones, talleres y un proceso creativo que se fue transformando con los años. Referencias mesoamericanas, griegas y rituales de distintas culturas fueron encontrando correspondencias hasta convertirse en signos escénicos.
Entre ellas aparece Xipe Tótec, deidad vinculada con la transformación y los ciclos de renovación; la serpiente, presente en diferentes tradiciones culturales; y elementos relacionados con los ciclos de la tierra y la cosecha. No se trata, explicó Navarrete, de reproducir literalmente esos referentes, sino de transmutarlos y llevarlos hacia el lenguaje coreográfico.
El resultado es una dramaturgia que no cuenta una historia lineal. La historia sucede en los cuerpos.
La física convertida en danza
En “Omphalos”, la gravedad no es un obstáculo: es una compañera de escena.
Emmanuelle Sanders, bailarín de la producción, explicó que trabajar sobre la antena parabólica exige una preparación física específica y una resistencia muscular considerable. Cada inclinación modifica la manera de moverse y obliga a los intérpretes a comprender nuevamente el espacio, el tiempo y su propio centro de gravedad.
“La danza es física pura”, resumió.
Parábolas, caídas, momento angular y desplazamientos del centro de gravedad forman parte de un vocabulario que los bailarines deben dominar para conseguir que, desde la butaca, el esfuerzo parezca casi invisible.
La aparente suavidad de los cuerpos esconde, en realidad, una lucha constante con la gravedad, pero también existe una entrega a ella.
La antena, explicaron los artistas, funciona como un dispositivo que emite y recibe, una imagen que también atraviesa la composición coreográfica. Las frases de movimiento fueron desarrollándose colectivamente, con aportaciones de los propios bailarines y con la asesoría coreográfica de Emilio Zárate y Gabriela Ceseña.
Cada cuerpo aporta una frase, un ritmo, una manera distinta de ocupar la estructura y cada caída tiene que ser también una forma de volver a levantarse.
Una antena que dejó de comunicar señales para hablar del universo
Inspirada en una antena parabólica abandonada en Stenigot, Inglaterra, construida durante la Segunda Guerra Mundial, la estructura diseñada por el escenógrafo mexicano Jorge Ballina evoca una ruina tecnológica, pero también una pregunta sobre el futuro.
Lo que alguna vez sirvió para enviar y recibir señales ahora sostiene cuerpos.
La antena se transforma en territorio, montaña, planeta, altar y centro de un ritual contemporáneo.
Para Víctor Zapatero, responsable de la iluminación, uno de los grandes retos fue encontrar el instante preciso en que todos los lenguajes de la obra —cuerpo, música, estructura, sombra y luz— coinciden.
De ahí surge una de las imágenes centrales de la pieza: el eclipse.
Una figura geométrica produce una sombra sobre otra y, en ese juego de ocultamiento y revelación, aparecen cuerpos que parecen florecer, nacer o desaparecer.
“La coincidencia” de todos esos elementos, explicó Zapatero, es justamente el lugar donde ocurre el arte.
El trabajo de Ballina y Zapatero ya fue reconocido internacionalmente: obtuvieron el Primer Lugar en Diseño de Iluminación y el Segundo Lugar en Escenografía en los World Stage Design Awards Calgary 2022.
Respirar para volver al centro
En medio de la monumentalidad de la escenografía y de la exigencia física, “Omphalos” encuentra también una dimensión íntima: la respiración.
Para Navarrete, respirar es una manera de regresar al cuerpo y encontrar quietud en medio de un mundo vertiginoso. La respiración está presente como instrumento de los intérpretes, pero también como una invitación para el espectador.
La pieza busca que quien la observa no solamente contemple cuerpos suspendidos en una antena, sino que recuerde su propio cuerpo.
Respirar.
Volver al centro.
Reconectarse.
En una época dominada por la velocidad y las pantallas, esa acción aparentemente elemental adquiere una dimensión casi ritual.
El reto de hacer posible lo imposible
Para Ireri Mugica, directora de ABRA Projects y productora general junto con Eleno Guzmán, cada función representa la culminación de una cadena de desafíos.
La estructura pesa más de tres toneladas. La compañía debe trasladar y montar la infraestructura en cada plaza. Los bailarines llevan sus cuerpos al límite y, después de las funciones, requieren cuidados físicos para sostener las exigencias del espectáculo.
Pero el reto no termina con la parte técnica.
Mugica contó que ha visto la obra más de 20 veces y que todavía encuentra elementos que no termina de explicar. Esa capacidad de sorprender incluso a quienes participan directamente en la producción, señaló, es parte de la fuerza de la pieza.
Hay espectadores que han regresado a verla dos o tres veces. Algunos la descubrieron en 2019; otros volvieron después de haberla visto en 2023.
La razón, sugirió, podría estar en esa sensación de que detrás de las imágenes existe algo que todavía falta descubrir.
Francia y México: una colaboración que creció con el tiempo
La llegada de “Omphalos” a Monterrey también forma parte de la celebración de la relación bilateral entre Francia y México.
El funcionario destacó que proyectos de esta magnitud requieren sumar esfuerzos entre instituciones, compañías y organizaciones independientes.
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