La música de Michael Jackson volvió a reunir generaciones en la Arena Monterrey, en una noche de nostalgia, baile y celebración en la que los grandes éxitos del Rey del Pop hicieron vibrar al público de principio a fin.
La noche del jueves 17 de septiembre en la Arena Monterrey se llenó de una energía sin igual con el tributo al rey del pop: This Is Michael.
Desde antes de que comenzara el espectáculo, el ambiente ya anunciaba que sería una noche diferente. Entre gritos, canciones y la emoción del público, la espera se convirtió en parte de la celebración.
De pronto, la atención de buena parte del recinto se concentró en un punto.
Un chico, vestido de blanco y completamente metido en el personaje, comenzó a hacer pasos de baile al estilo de Michael Jackson y la respuesta fue inmediata.
Aplausos, gritos, sonrisas y teléfonos levantándose para guardar el momento.
Era una pequeña muestra de lo que estaba a punto de suceder sobre el escenario: Michael Jackson no solamente tiene canciones; tiene movimientos, imágenes, códigos y recuerdos que varias generaciones reconocen de inmediato.
Volver a ser aquella niña de los 80
Una vez más, la música hizo lo que solamente ella sabe hacer: abrir una puerta hacia el pasado.
De pronto estaba nuevamente en los años 80.
Recordé aquella primera vez frente al televisor descubriendo Thriller, producido por Quincy Jones, y la fascinación que provocaba Michael Jackson. Había algo en su manera de moverse, en su precisión, en su ritmo y en la forma de utilizar cada parte de su cuerpo que parecía imposible de imitar.
Mi hermano, mis primos y yo lo intentábamos.
Repetíamos los pasos.
Nos emocionábamos y por unos minutos sentíamos que también estábamos dentro de aquel universo que aparecía en la pantalla.
Décadas después, estar nuevamente frente a esas canciones tuvo un efecto todavía más poderoso.
Las lágrimas querían salir.
Porque ya no era solamente recordar a Michael Jackson.
Era recordar quiénes éramos nosotros cuando lo descubrimos.
Una fiesta de lentejuelas, sombreros y guantes blancos
Desde que el público comenzó a llenar la Arena Monterrey, quedó claro que la celebración también ocurriría en las butacas.
Lentejuelas.
Sombreros negros.
Zapatos negros.
Guantes blancos brillantes.
Y, por supuesto, los pasos de baile.
Niños, jóvenes y adultos llegaron vestidos como el ícono que durante décadas ha inspirado a generaciones enteras.
Pero había algo todavía más especial: muchos niños estaban viviendo por primera vez la experiencia que sus padres habían vivido décadas atrás.
Padres y madres que crecieron con Michael Jackson compartieron la noche con sus hijos.
Los pequeños cantaban y bailaban junto a ellos y en ese encuentro entre generaciones quedó demostrado que una canción puede viajar en el tiempo.
Nosotros crecimos escuchando canciones en inglés que muchas veces ni siquiera comprendíamos por completo. Pero no importaba.
Las cantábamos.
Las bailábamos.
Las sentíamos.
La música no necesitaba traducción.
Una noche llena de éxitos
El espectáculo arrancó con “Wanna Be Startin’ Somethin’”, seguida de “They Don’t Care About Us” e “I Just Can’t Stop Loving You”, mientras el público comenzaba a entregarse por completo a la experiencia.
Los cambios de vestuario acompañaron la evolución del espectáculo y, con cada canción, aparecía una nueva imagen asociada a la historia de Michael Jackson.
Llegaron “I Want You Back”, “Smooth Criminal” y ese vestuario que se convirtió en una de las estampas más reconocibles de la cultura pop.
Después, “Dangerous”.
Más adelante, “Black or White”, con esos riffs que inmediatamente hacen que el público reconozca la canción.
También hubo espacio para “We Are the World” y “Earth Song”, recordándonos que el repertorio de Jackson podía moverse de la pista de baile hacia canciones con un mensaje mucho más amplio y entonces llegó uno de los momentos más esperados.
Thriller: el momento en que la Arena Monterrey se convirtió en una pista de baile
Las primeras notas de “Thriller” fueron suficientes.
La chaqueta roja apareció.
Los zombies tomaron el escenario y la Arena Monterrey enloqueció.
Miles de personas bailando, cantando y reaccionando a una canción que, para muchos, representa uno de los momentos más memorables de su infancia.
Es fascinante comprobar que, tantos años después, Thriller continúa provocando exactamente esa reacción.
Solo que ahora la emoción se multiplica por miles de personas.
Y entre ellas están los niños que observan, cantan y bailan junto a sus padres.
La escena tiene algo entrañable: quienes alguna vez intentaron aprender aquellos pasos frente a una televisión ahora los repiten junto a sus propios hijos.
Billie Jean y la memoria de una generación
Después llegó “Billie Jean” y con ella, inevitablemente, apareció aquel recuerdo de la primera vez que vimos a Michael Jackson hacer esos movimientos que parecían desafiar las reglas del cuerpo.
El Moonwalk sigue teniendo la capacidad de provocar asombro.
Es uno de esos movimientos que inmediatamente remiten a una persona, a una época y a una canción y verlo nuevamente en un espectáculo dedicado a su legado es una invitación inevitable a recordar.
La energía continuó con “You Are Not Alone” y después con “Beat It”, que volvió a provocar una explosión de entusiasmo en las gradas.
Luego llegó “Man in the Mirror”.
Y finalmente, “Bad” puso el broche de oro a una noche que fue mucho más que una sucesión de canciones.
El legado también estaba sobre el escenario
Uno de los elementos más emocionantes fue poder ver en acción a músicos vinculados directamente con la trayectoria de Michael Jackson.
La presencia de Don Boyette y Jennifer Batten aportó un significado especial para quienes conocen y siguen la historia musical detrás del espectáculo.
No era solamente escuchar canciones que conocemos.
Era contemplar sobre el escenario a artistas que formaron parte de ese universo musical y que hoy continúan llevando esa energía a nuevas audiencias.
Cuando la música no envejece
Al terminar This Is Michael, quedó una sensación difícil de explicar.
Quizá porque durante unas horas no solamente fuimos espectadores.
Fuimos niños otra vez.
Volvimos a aquellos años en los que descubríamos canciones frente al televisor, intentábamos copiar coreografías, cantábamos sin preocuparnos demasiado por entender cada palabra y descubríamos, poco a poco, todo lo que la música podía provocar.
Michael Jackson representa una parte importante de esa memoria colectiva.
Comentarios
Publicar un comentario