Hay momentos en los que una conferencia de prensa deja de ser solo informativa y se convierte en algo más cercano a una reflexión colectiva. Eso pasó cuando el elenco y el equipo de Fidelio comenzaron a hablar no solo de la obra, sino de lo que significa hacer ópera hoy.
Porque la pregunta está en el aire, aunque no siempre se diga en voz alta: ¿sigue siendo relevante? La respuesta, curiosamente, no vino en forma de argumento académico, sino de algo mucho más humano. La ópera —dijeron— es probablemente la forma artística más completa que existe y no es exageración. Ahí conviven literatura, música, actuación, escenografía, iluminación, técnica y, por supuesto, la voz humana en su estado más puro.
Es, en pocas palabras, una suma de artes.
Pero lo más interesante no fue eso. Fue la idea de que la ópera no es un lujo inútil, sino una experiencia profundamente humana. Un espacio donde se habla de lo mismo que seguimos viviendo: amor, injusticia, poder, lealtad, miedo. Historias antiguas que, incómodamente, siguen siendo actuales.
Fidelio es precisamente eso: una historia de resistencia, de identidad, de una mujer que se disfraza para rescatar a su esposo injustamente encarcelado. Suena a drama clásico, sí, pero también a algo que podría pasar hoy, en otro contexto, con otros nombres y ahí es donde la ópera deja de ser “difícil” y se vuelve cercana.
Durante la rueda de prensa de la mañana del jueves 23 de abril, también se rompió otro mito: que la ópera es inaccesible. Entre subtítulos, explicaciones previas y precios pensados para el público, la experiencia está diseñada para que cualquiera pueda entrar, entender y sentir. No necesitas saber alemán ni tener formación musical. Solo estar dispuesto a escuchar.
Quizá uno de los momentos más potentes fue cuando se habló de la voz como instrumento humano. No hay nada más directo, más primitivo y más universal que cantar. Cantamos cuando estamos felices, cuando estamos tristes, cuando celebramos o despedimos. La ópera lleva eso al extremo, lo amplifica y por eso sigue viva.
También hubo una crítica sutil pero necesaria: el acceso a la ópera todavía es limitado. Una sola función para una ciudad como Monterrey sabe a poco. Pero al mismo tiempo, el hecho de que esté casi llena dice algo importante: hay público, hay interés, hay curiosidad.
Tal vez lo que falta no es entusiasmo, sino continuidad.
Al final, la invitación es sencilla: ir, ver, escuchar. No para entenderlo todo, sino para experimentar algo distinto. Porque incluso si no se vuelve tu género favorito, hay algo en la ópera que se queda contigo.
Una escena, una voz, una emoción y a veces eso basta para cambiar la forma en que vemos las cosas.
La rueda de prensa contó con la presencia de destacadas figuras del ámbito cultural y artístico, entre ellas la secretaria de Cultura de Nuevo León, Melissa Segura Guerrero; el secretario técnico de CONARTE y director artístico del proyecto, Ricardo Marcos González; así como el reconocido tenor Ramón Vargas, quien encabeza el elenco. También participaron la soprano Dhyana Arom, la soprano Sori Kim, el director concertador Guido María Guida y el director artístico José Wolffer.
La ópera Fidelio, de Ludwig van Beethoven, se presentará en Monterrey el próximo sábado 25 de abril a las 20:00 horas, en una única función que forma parte de esta ambiciosa coproducción interinstitucional.
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