El cansancio ya vivía en el cuerpo, pero el domingo 29 de marzo tenía otro tipo de energía: esa que no se negocia, la de los finales que sabes que van a doler… y que por eso mismo se viven más intensamente.
Desde temprano, el pulso del festival se sintió distinto. La jornada arrancó entre idas y vueltas a la sala de prensa, donde desfilaban más de veinte artistas en una especie de maratón íntima que contrastaba con la inmensidad del Parque Fundidora. Entre conversaciones, risas breves y miradas cómplices, nombres como Moenia, Reyno, La Gusana Ciega y Zoé pasaban de ser ídolos de escenario a voces cercanas, humanas, casi confesionales.
Moenia, con visuales impecables y una electrónica profundamente mexicana, reafirmó que hay proyectos que no envejecen, solo evolucionan. Más tarde, la presencia magnética de Halsey tomó el escenario con una intensidad emocional que conectó sin filtros. DJO, desde su universo alternativo, aportó una vibra cinematográfica que sorprendió incluso a los más escépticos.
Mientras tanto, el festival seguía desplegando capas: Love of Lesbian, Elefante, The Lumineers… y hasta sorpresas que rompieron cualquier etiqueta como Los Horóscopos de Durango y el 90’s Pop Tour, recordándonos que aquí no hay prejuicios, solo música.
En el territorio electrónico, Purple Disco Machine hizo algo más que cerrar un escenario: transformó el CLUB SOCIAL KIA en una máquina del tiempo. Luces multicolor, gráficos psicodélicos y un groove irresistible convirtieron el espacio en una pista de los años 70 reimaginada. Nadie quería irse. Nadie podía dejar de bailar.
The Killers tomó el escenario principal como quien sabe exactamente lo que representa ese momento. Brandon Flowers, cercano, carismático, hablando en español con naturalidad, conectó desde el primer segundo. La banda no ofreció solo un show: entregó un cierre. Uno de esos que se sienten en el pecho. “Mr. Brightside”, “Human”, “Read My Mind”… himnos que ya no pertenecen a una banda, sino a generaciones enteras. Cada canción era coreada como si fuera la última, y quizá lo era, al menos para ese fin de semana que parecía eterno.
Cuando las luces comenzaron a apagarse, el cuerpo finalmente entendió el cansancio. Pero la energía seguía ahí, suspendida en el aire, negándose a desaparecer.
El Tecate Pa’l Norte 2026 no terminó: simplemente dejó de sonar… por ahora.
Imágenes por: Arqueles García y Nayely Aguilar
Comentarios
Publicar un comentario