El cansancio ya vivía en el cuerpo, pero el domingo 29 de marzo tenía otro tipo de energía: esa que no se negocia, la de los finales que sabes que van a doler… y que por eso mismo se viven más intensamente. Desde temprano, el pulso del festival se sintió distinto. La jornada arrancó entre idas y vueltas a la sala de prensa, donde desfilaban más de veinte artistas en una especie de maratón íntima que contrastaba con la inmensidad del Parque Fundidora. Entre conversaciones, risas breves y miradas cómplices, nombres como Moenia, Reyno, La Gusana Ciega y Zoé pasaban de ser ídolos de escenario a voces cercanas, humanas, casi confesionales. Afuera, la historia era otra: una avalancha sonora imposible de contener. El día avanzaba entre descubrimientos y reencuentros. Silvestre y la Naranja pintaba de frescura el ambiente: Luisa Almaguer envolvía con una sensibilidad que detenía el tiempo; El Riqué dejaba melodías suspendidas en el aire con su verdadero scratch de versos. Los Blenders, Los Cla...
Tinta Gris nace la esa necesidad de mirar más allá, de escuchar con el alma. Este espacio es un cuaderno abierto donde las voces creativas comparten no solo lo que hacen, sino por qué lo hacen. Aquí documentamos procesos, pasiones y momentos que nos transforman.