Lesel no hace canciones para sonar de fondo; construye atmósferas emocionales donde cada melodía parece tener intención, memoria y pulso propio. El músico y productor uruguayo se encuentra atravesando una de las etapas más intensas y expansivas de su carrera con Alquimia, un proyecto que abraza una energía más eléctrica, más frontal y emocionalmente poderosa, sin desprenderse de la sensibilidad espiritual e introspectiva que ha definido su identidad artística desde el inicio.
Pero detrás de la potencia sonora hay algo todavía más interesante: un artista profundamente obsesionado con la emoción humana dentro de la música.
Durante la conversación, Lesel habló de su proceso creativo con la misma intensidad con la que alguien describe un recuerdo importante. Su manera de entender las canciones no se limita únicamente a escribir melodías; para él, cada elemento debe convivir armónicamente para generar una experiencia emocional completa y quizá ahí es donde aparece una de las partes más fascinantes de su trabajo: las voces.
Lesel confesó que muchas veces construye sus canciones utilizando decenas de capas vocales, armonías escondidas y pequeñas variaciones que el oído quizá no detecta conscientemente, pero que terminan envolviendo emocionalmente a quien escucha.
“Hay voces distintas en cada lado de los audífonos”, explica entre risas, como quien revela un pequeño secreto de laboratorio sonoro.
Lejos de buscar perfección artificial, el artista defiende los errores humanos dentro de la música. En tiempos donde gran parte de la industria apuesta por automatizar emociones, corregir imperfecciones y convertir canciones en productos inmediatos, Lesel sigue trabajando desde un lugar mucho más orgánico.
“No quiero que una aplicación cante por mí”, afirma.
Y se nota ya que su música tiene textura, respiración, intención. Incluso nostalgia. La influencia de los años 80 atraviesa gran parte de su composición: cambios inesperados, puentes musicales y canciones que todavía se permiten crecer lentamente antes de explotar emocionalmente.
Pero más allá de la técnica, lo que realmente sostiene el proyecto es la honestidad emocional.
Lesel habla constantemente de sanar, de liberarse del miedo y de entender la música como una herramienta energética. Por eso no sorprende que, cuando se le pregunta qué canción recomendaría escuchar con atención, aparezca “Alcancía”.
No lo hace como promoción automática ni como parte de una estrategia. Lo menciona casi como una necesidad emocional.
“Habla de darte cuenta de que todavía hay muchísimo por vivir”, comparte.
La canción gira alrededor de una idea simple pero profundamente humana: entender que nunca es tarde para seguir construyendo versiones nuevas de uno mismo, que todavía quedan abrazos pendientes, caminos por recorrer y emociones por descubrir y quizá esa sea precisamente la gran fuerza de Lesel como artista: su capacidad para transformar experiencias personales en canciones que terminan sintiéndose colectivas.
Porque escuchar su música no se siente únicamente como escuchar un álbum. Se siente como entrar en conversación con alguien que todavía cree que el arte puede mover algo real dentro de las personas.
¡Escucha la entrevista completa aquí!
Muchas gracias por tan hermoso retrato de lo que significa mi proyecto. Gracias de corazón
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