No todos tienen la fortuna de saber para lo que nacen desde pequeños, Patricio Labastida, prácticamente supo desde una edad temprana hacia dónde quería ir. Desde niño armaba obras con sus primos, escribía personajes, inventaba historias y disfrutaba cualquier escenario improvisado como si ya entendiera que el arte iba a convertirse en una necesidad permanente dentro de su vida.
Foto cortesía por: Padma Comunicación y Relaciones Públicas
Hoy, después de años de preparación, castings, musicales, telenovelas y proyectos frente a cámara, Patricio construye una carrera que avanza paso a paso dentro de la industria del entretenimiento mexicano. Pero lejos del discurso perfecto o de la idea glamorosa que muchas veces rodea la actuación, él habla desde un lugar mucho más honesto: la paciencia, la incertidumbre y el trabajo constante que existe detrás de cada oportunidad.
“Muchos creen que el trabajo del actor es actuar… pero no. El verdadero trabajo es hacer casting”, comparte entre risas, aunque con absoluta sinceridad.
Y quizá ahí está una de las partes más interesantes de escucharlo: entiende perfectamente que esta profesión también se trata de esperar, resistir y volver a intentarlo incluso después de los tropiezos. Porque sí, también ha vivido castings caóticos. Momentos donde la mente simplemente se queda en blanco frente a todos.
“Hubo uno donde literalmente olvidé todo. Si me preguntabas mi nombre, no te lo podía decir”, recuerda.
Pero también aprendió algo importante: cuando entra relajado, conectado y sin obsesionarse con el resultado, las cosas simplemente fluyen.
Esa visión más madura del oficio probablemente viene de alguien que decidió prepararse de verdad. Antes de dedicarse completamente a la actuación estudió marketing y comunicación, una carrera que eligió porque necesitaba mantenerse dentro de algo creativo y aunque sus padres le pedían tener una profesión “formal”, él nunca dejó de mirar hacia el mismo lugar: los escenarios, las cámaras y las historias.
Con el tiempo llegaron proyectos teatrales como Hoy No Me Puedo Levantar, una experiencia que describe como profundamente exigente. Más de tres horas de espectáculo, coreografías, armonías, múltiples personajes y una disciplina física y emocional enorme. “Había que estar a la altura”, dice al recordar el trabajo bajo la dirección de Donald Bertrand y el universo creado alrededor del musical de Nacho Cano.
Después vino una transición natural hacia la televisión y las series. Poco a poco dejó el teatro musical para enfocarse en la actuación frente a cámara, terreno donde actualmente concentra casi toda su energía.
Uno de los proyectos más importantes para él ha sido Mi Rival, grabado en San Luis Potosí, la ciudad donde nació. Y hablar de esa experiencia cambia completamente su tono de voz. Ahí no solamente encontró un personaje importante; encontró una familia.
“Yo sabía que tenía que disfrutarlo porque eso no pasa todos los días”, cuenta sobre aquellos meses viviendo junto al elenco, compartiendo desayunos, cenas, llamados y tiempo fuera del set.
Para Patricio, el verdadero regalo no fueron únicamente las escenas, sino la convivencia humana detrás del proyecto y justamente dentro de Mi Rival construyó uno de los personajes que más le han significado emocionalmente: Beto Terrazas, un productor musical que decide amar desde un lugar distinto. Sin manipulación, sin ego y sin necesidad de poseer.
“Quise evitar el cliché”, explica. “Beto veía más allá. Él entendía que podía existir amor incluso sin convertirlo en una relación”.
Esa sensibilidad también aparece cuando habla de la música. Porque aunque hoy su prioridad es la actuación, cantar sigue ocupando un espacio esencial dentro de su vida. La música no solo lo acompaña: le ayuda a crear personajes, entender emociones y entrar al universo emocional de cada historia. Incluso crea playlists específicos para cada papel que interpreta.
Y además escribe. Muchísimo.
Tiene cientos de notas guardadas en el celular: ideas, frases, canciones, emociones o escenas que aparecen de pronto y necesitan salir.
“Cuando escribo entiendo diferente las cosas”, confiesa. Como si poner sentimientos en palabras ayudara también a ordenar el caos interno.
Quizá por eso resulta tan fácil conectar con él cuando habla. Porque detrás del actor existe alguien profundamente creativo, sensible y observador. Un artista que todavía conserva cierta emoción infantil al hablar de cine, música y personajes.
No sorprende entonces que uno de sus grandes sueños sea trabajar algún día con Tim Burton. Lo admira porque, según dice, logró construir un universo completamente propio.
“Él es una marca entera”, comenta con entusiasmo genuino.
Y mientras ese sueño llega, Patricio sigue avanzando. Aprendiendo de cada proyecto, compartiendo escena con figuras como Adriana Barraza y entendiendo que crecer dentro de esta industria también implica mantener los pies en la tierra.
“Yo no me voy a quedar con las escenas”, dice casi al final de la conversación. “Me quedo con las personas”.
Tal vez ahí está realmente la esencia de su camino: un actor que todavía mira el arte desde la emoción y no solamente desde la industria.
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