Cuando una mujer vuelve a vivir sobre el escenario: Cecilia Suárez y el verano invencible de Liliana
Iluminan una memoria.
Eso es lo que sucede con El invencible verano de Liliana, la adaptación teatral del libro de Cristina Rivera Garza que llega a Monterrey con Cecilia Suárez como protagonista y que será la obra inaugural del 25 aniversario del Festival de Teatro Nuevo León.
No es una historia sencilla y tampoco pretende serlo.
Es la historia de Liliana, pero también es la historia de Cristina. Es la historia de una familia enfrentada a una ausencia. Es la historia de una sociedad que durante décadas encontró palabras equivocadas para nombrar la violencia contra las mujeres y finalmente, es una historia sobre la memoria.
Durante la rueda de prensa celebrada en Monterrey, Cecilia Suárez dejó una idea flotando en el aire que quizá resume buena parte de la responsabilidad asumida por el montaje:
Lo importante no es solamente cómo murió Liliana. Lo importante es quién fue Liliana.
Porque antes de convertirse en una estadística, Liliana tuvo una vida.
Tenía amigos.
Escribía.
Tenía sueños.
Era libre.
Era la escritora de su casa.
Tenía 20 años.
Y estaba construyendo una vida que alguien decidió interrumpir.
La violencia intentó convertirla en una víctima.
El recuerdo insiste en devolverla como persona.
La memoria tiene cuerpo
Adaptar un libro como el de Cristina Rivera Garza para el teatro no era una tarea menor.
El texto contiene múltiples voces, documentos, recuerdos y personajes. Sin embargo, la puesta en escena decidió apostar por un monólogo que pudiera contener ese universo a través de una sola actriz.
El resultado es una especie de conversación imposible entre pasado y presente.
Cecilia no interpreta únicamente a un personaje.
Presta su cuerpo a una memoria.
Y eso cambia completamente la naturaleza del trabajo actoral.
La propia actriz reconoció durante la rueda de prensa que la preparación y las funciones implican una exigencia física y emocional importante. Después de Madrid tuvo que aprender a descansar y establecer límites para poder continuar con el proyecto.
Porque hay personajes que se abandonan cuando termina una función pero este no es el caso.
El peso de una palabra
En la historia de Liliana hay también una palabra que durante años estuvo ausente: feminicidio.
Cuando ocurrió su asesinato, en 1990, todavía no formaba parte del lenguaje jurídico cotidiano como lo entendemos hoy.
Su muerte fue catalogada como un “crimen pasional”.
La expresión parece pequeña frente a la dimensión de lo ocurrido, pero precisamente ahí reside el poder del lenguaje.
Una palabra puede explicar.
Una palabra puede ocultar.
Una palabra puede responsabilizar y otra puede absolver.
Por eso la obra no solamente recupera una vida: también recupera el lenguaje necesario para comprenderla.
Durante la conferencia, Suárez y el productor hablaron de la importancia de llamar a las cosas por su nombre.
No para quedarse atrapados en el dolor.
Sino para entenderlo.
El teatro como conversación
Hay algo particularmente poderoso en presentar esta obra en un festival que cumple 25 años.
El Festival de Teatro Nuevo León ha construido una relación sostenida con su público durante décadas. La edición conmemorativa no solamente celebra el pasado: también plantea qué historias necesita escuchar el público de hoy y ésta es una de ellas.
Óscar Carnicero, productor de la puesta, recordó la reacción que tuvo el público en Madrid.
Después de las funciones, muchas personas salían profundamente conmovidas.
Algunas lloraban, otras se quedaban conversando.
Y quizá esa sea la verdadera dimensión de una obra como ésta: no termina cuando termina la función.
Continúa en las conversaciones que provoca.
En las preguntas que deja.
En las experiencias personales que despierta.
En las personas que quizá reconocen una señal de violencia que antes no habían querido reconocer.
En quien decide llamar a una amiga.
En quien escucha a una hija.
En quien finalmente encuentra palabras para hablar.
“Que los hombres también vengan”
Uno de los llamados más importantes que surgieron durante el encuentro fue dirigido a los hombres.
No como acusación.
Como invitación.
Cecilia Suárez habló de la necesidad de que los hombres se acerquen a la obra dispuestos al diálogo, no desde la sensación de estar siendo señalados.
Porque la violencia de género no puede convertirse en una conversación exclusiva entre mujeres.
También requiere hombres dispuestos a escuchar.
A cuestionarse.
A reconocer.
A acompañar.
A no permanecer al margen.
En ese sentido, El invencible verano de Liliana no busca dividir al público entre culpables e inocentes.
Busca abrir una conversación sobre un sistema que ha normalizado determinadas formas de violencia y control.
La vida después de la tragedia
Quizá una de las imágenes más conmovedoras de esta historia sea pensar que Liliana tenía sueños de viajar, de conocer el mundo, de vivir.
En uno de sus escritos aparece el deseo de ser marinero.
Y ahora, paradójicamente, su historia está viajando hacia Madrid, México, Chile, Perú y muchas otras ciudades forman parte del recorrido que el equipo tiene previsto.
La obra llegará a distintos públicos porque la historia de Liliana, aunque profundamente personal, habla de una realidad que no conoce fronteras.
En Monterrey, además, llega como parte de un aniversario especial.
Una ciudad que durante años ha construido su propia escena teatral recibe una historia que obliga a mirar hacia afuera, pero también hacia adentro.
Un verano invencible
Hay inviernos que parecen interminables.
El duelo puede ser uno de ellos.
La ausencia también.
Pero Cristina Rivera Garza encontró, décadas después, una forma de regresar a su hermana a través de las palabras.
Y ahora esas palabras tienen cuerpo.
Tienen voz.
Tienen escenario.
Tienen público.
El teatro no puede devolverle a Liliana los años que le fueron arrebatados.
Pero puede devolverle algo que ninguna violencia debería poder quitarle: su nombre.
Y mientras alguien lo pronuncie, mientras alguien pregunte quién fue, mientras alguien quiera conocer sus sueños, su escritura, sus amistades, su libertad y su historia, Liliana seguirá siendo mucho más que la forma en que murió.
Será la mujer que fue.
Será la hermana.
Será la escritora.
Será la joven libre.
Será memoria.
Y quizá, en medio de todo este invierno, seguirá existiendo ese verano que Cristina encontró dentro de sí: un verano invencible.
“El teatro le devuelve a Liliana algo que la violencia quiso quitarle: su nombre, su voz y su historia.”
Entradas agotadas para función del 20 de agosto y una segunda función en TEC de Monterrey el domingo 23 de agosto.
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