Mauricio de la Maza y el cine de la incomodidad: “Mi cine explora, no juzga”


¿Puede una película mostrarnos quiénes somos sin decirnos quién debemos ser? Para Mauricio de la Maza Benignos, sí y  esa posibilidad atraviesa El Gran Makhaira, su más reciente película, una historia que utiliza el thriller, el misterio y el conflicto moral para explorar las contradicciones de la condición humana.

Director, guionista, documentalista y científico de formación, Maza ha encontrado en el cine una herramienta para observar aquello que normalmente permanece debajo de la superficie: la culpa, el miedo, la memoria, el deseo, la conciencia moral y, sobre todo, las contradicciones que hacen que una persona pueda ser brillante en un aspecto de su vida y profundamente cuestionable en otro.


Su propuesta parte de una premisa sencilla, pero poderosa: “Mi cine explora, no juzga”.

No hay personajes completamente buenos ni completamente malos

En El gran Makhaira, Eitan es un reconocido lanzador de cuchillos. Su dominio de la técnica parece reflejar también un dominio absoluto sobre su entorno. Sin embargo, esa percepción comienza a desmoronarse cuando la historia permite descubrir las distintas capas del personaje.

Para Maza, ahí comienza lo verdaderamente interesante. El cine comercial suele ofrecernos códigos que aprendemos a reconocer: el héroe debe comportarse como héroe, el villano debe tener determinadas características y ciertas virtudes parecen implicar automáticamente otras, pero la vida real no funciona así.

Ser excelente en una actividad no convierte automáticamente a una persona en un buen ser humano.

“Hay quien gana medallas olímpicas y a lo mejor en su casa pues no es”, comenta el artista.

La frase resume buena parte de su aproximación: la virtud no es una garantía de perfección.

Sus personajes viven en esa zona gris.

La ética sin sermones

Maza no parece interesado en utilizar el cine como una clase de moral.

No busca educar, concientizar o adoctrinar al espectador. Su interés es provocar pensamiento crítico, por eso habla de “sostener la grieta” el tiempo suficiente para que el público pueda observar a través de ella.

La metáfora resulta especialmente apropiada para El gran Makhaira, una película construida sobre contrastes: violencia y espectáculo, control y caos, virtud y perversión, fascinación y rechazo.

El espectador tiene que completar parte del recorrido ya que la película muestra y es el espectador quien tiene la facultad interpretar y después, si lo considera necesario, juzgar. 

Un circo como espejo social

Uno de los elementos más sugerentes de la película es su circo clandestino.

Más que un simple escenario, puede leerse como una representación de la sociedad: personas que observan, otras que ejecutan y un público dispuesto a pagar por aquello que considera extraordinario.

El espectáculo puede ser talento, pero también puede alimentarse del morbo.

La pregunta no es únicamente qué sucede frente a nuestros ojos, sino qué estamos dispuestos a consumir como entretenimiento.

Meza evita responder si está bien o mal porque prefiere dejar el fenómeno sobre la mesa y  entonces aparece otra pregunta: si algo nos atrae, ¿por qué nos atrae?

La mirada del científico detrás del director

Quizá la particularidad más profunda de Mauricio de la Maza como cineasta esté fuera del cine ya que su formación como biólogo y especialista en desarrollo sustentable lo acostumbró a observar sistemas y antes de intervenir, poder observar o antes de sacar conclusiones, identificar las relaciones entre los elementos.

Esa metodología científica terminó filtrándose en su escritura y dirección.

Maza explica que intenta llegar a sus objetos de estudio sin prejuicios, observar las motivaciones y entender los incentivos —positivos o perversos— que hacen que una persona o un sistema se comporte de determinada manera.

En la ficción, ese “objeto de estudio” son ahora los seres humanos.


Cuando el cine no puede ser controlado

La experiencia documental también aparece en su manera de dirigir.

En El gran Makhaira conviven escenas meticulosamente diseñadas con otras construidas desde la espontaneidad.

Hay momentos donde cada lámpara, cada movimiento y cada desplazamiento de cámara están calculados y existen otros en los que la cámara debe reaccionar a lo que ocurre.

Una escena filmada en un salón de baile es un ejemplo de ello. El equipo redujo al mínimo la presencia de cámaras y esperó hasta que las personas del lugar dejaran de sentirse observadas.

Entonces ocurrió algo que ninguna planificación podía garantizar completamente: la ficción comenzó a mezclarse con la realidad.

La actriz interactuó con el espacio y con personas reales, mientras la cámara observaba y capturaba.

Para un cineasta formado también en el documental, ese tipo de incertidumbre no es un problema, es una posibilidad y la grieta también es encontrada en la forma

La película no solamente habla de contradicciones: las incorpora en su lenguaje cinematográfico.

La cámara en mano y la composición controlada conviven, así como la improvisación que es capaz de dialogar con la precisión.

El caos se encuentra con la geometría y lo documental se mezcla con la ficción.

El claroscuro —esa convivencia entre luz y sombra— se convierte en una extensión visual de la propia propuesta de la película.

En otras palabras, la forma también cuenta la historia.

Mirar antes de formar un juicio

Al final de la conversación, Maza regresa a una idea que parece resumir tanto su trayectoria científica como su trabajo cinematográfico: observar.

Observar sin prejuicios.

Aprender.

Comprender y solamente después formar un juicio.

Esa filosofía convierte a El gran Makhaira en algo más que una historia sobre un lanzador de cuchillos y un mundo clandestino porque se trata de una invitación a mirar la complejidad humana sin filtros cómodos.

Porque muchas veces la verdadera incomodidad no está en lo que vemos en pantalla sino en descubrir cuánto de aquello que observamos también puede existir dentro de nosotros.

El gran Makhaira no pretende decirle al espectador qué pensar. Prefiere hacer algo mucho más inquietante: obligarlo a pensar.

La temporada abierta al público será en Elite Cinemas del 28, 29 y 30 de agosto de 2026, en dos horarios: 6:00 p.m. y 8:00 p.m..

Los realizadores invitan al público a respaldar el cine independiente y a descubrir una historia creada desde Nuevo León para la pantalla grande.

Imágenes del director cortesía Arqueles García

Stills de película proporcionado por el equipo de El gran Makhaira

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