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Pintar el sonido: la sensibilidad radical de Simran Gleason

Este artículo se encuentra en español e inglés. 


A primera vista, parece imposible: traducir el sonido en imagen, el ritmo en color, lo efímero de un concierto en algo permanente. Y sin embargo, en medio de la intensidad sonora de Tecate Pa’l Norte, el pintor Simran Gleason lo logra—transformando la música en obras vivas, inmediatas y profundamente emocionales.

Radicado en Portland, Gleason no pinta simplemente lo que ve. Pinta lo que siente. Una diferencia sutil, pero esencial, que define toda su práctica. Su obra habita en ese espacio intermedio entre la observación y la sensación, donde la estructura y la emoción conviven en tensión.

“No pinto lo que escucho ni lo que veo,” explica. “Pinto lo que siento. Mi mente analítica está ocupada resolviendo la composición, las proporciones, la escena… y eso deja que la emoción fluya libremente a través del pincel.”

At first glance, it feels impossible: to translate sound into image, rhythm into color, fleeting performance into something permanent. And yet, standing in the middle of the sonic intensity of Tecate Pa'l Norte, painter Simran Gleason does exactly that—transforming live music into visceral, immediate works of art.

Based in Portland, Gleason is not simply painting what he sees. He is painting what he feels—a subtle but crucial distinction that defines his practice. His work exists in the liminal space between observation and sensation, where structure and emotion coexist in tension.

“I don’t paint what I hear, and I don’t paint what I see,” he explains. “I paint what I feel. My analytical mind is busy solving the composition, the proportions, the logistics… and that leaves space for emotion to move freely through the brush.”

De Monterrey al escenario: un regreso significativo

La relación de Gleason con Monterrey comenzó en 2021, cuando fue invitado por primera vez por la banda indie regiomontana Noah Pino Palo. Durante dos intensos días en Tecate Pa’l Norte, pintó sin pausa, capturando en tiempo real la esencia de múltiples presentaciones.

Lo que inició como un gesto experimental pronto se convirtió en algo más profundo.

En esta edición, regresó no solo como invitado, sino como parte de la experiencia oficial del festival, integrándose al universo creativo de artistas y escenarios. Su presencia dejó de ser periférica para convertirse en parte del lenguaje artístico del evento.

From Monterrey to the Stage: A Returning Vision

Gleason’s relationship with Monterrey began in 2021, when he was invited for the first time by the indie band Noah Pino Palo. That year, he immersed himself in the festival for two intense days, painting nonstop and capturing the spirit of multiple performances in real time.

What started as a bold, almost experimental gesture quickly became something more.

This year, he returned not just as a guest—but as part of the official Pa’l Norte experience, working alongside artists and performers to bring audiences closer to the creative process itself. His presence was no longer peripheral; it was integrated into the festival’s artistic identity.



Donde la música se vuelve imagen

Lo que hace inolvidable su trabajo es la fusión: ese diálogo orgánico entre música y pintura.

Verlo pintar es, en sí mismo, una experiencia. Hay una calma en sus movimientos que recuerda a la serenidad de Bob Ross, pero el resultado en el lienzo vibra con la intensidad de la música en vivo.

Ahí reside la magia: en ese contraste entre lo contemplativo y lo explosivo.

Cada trazo responde no solo a lo que sucede en el escenario, sino a la energía colectiva—el público, el ritmo, la emoción compartida. Sus pinturas no son retratos en el sentido tradicional; son traducciones sensoriales de un momento irrepetible.

Where Music Becomes Image

What makes Gleason’s work unforgettable is the fusion—the seamless dialogue between sound and painting.

Watching him work feels almost meditative. There is a calmness in his gestures, an ease that recalls the quiet assurance of Bob Ross, yet what emerges on the canvas pulses with the expressive intensity of live music.

It is precisely this contrast that defines the experience: serenity meeting chaos, control meeting spontaneity.

As the music builds, so do the layers of paint. Each stroke responds not only to what is happening on stage, but to the energy of the crowd, the rhythm in the air, the shared emotional frequency of the moment.

What results is not a portrait in the traditional sense—it is a translation.


La disciplina detrás de la espontaneidad

Aunque su proceso parece improvisado, está sostenido por años de estudio y práctica. Gleason comenzó su camino artístico a los 25 años, después de obtener una maestría en ciencias de la computación.

Su interés por la percepción y la estructura sigue presente en su obra.

“Quería entender por qué una cámara no podía capturar lo que yo veía como lo hacía la pintura,” recuerda. “Eso me llevó a estudiar cómo construimos la realidad en nuestra mente.”

Esa dualidad—entre precisión técnica y apertura emocional—define su forma de trabajar. En festivales, donde el tiempo es limitado, puede completar una pintura durante un solo set.

“Es como dibujo gestual a gran velocidad,” dice. “Capturas la esencia primero: la postura, la energía. A veces ni siquiera necesitas el rostro.”

The Discipline Behind the Spontaneity

What appears improvisational is, in reality, the result of years of discipline. Gleason began his artistic journey later than most—at 25, after completing a master’s degree in computer science. His early fascination with systems, structure, and perception still informs his work today.

“I was trying to understand why photography couldn’t capture what I saw the way traditional painting could,” he recalls. “That led me to study perception itself—how the human mind constructs reality.”

This duality—engineering precision and emotional openness—defines his live painting process. At festivals, where time is limited and conditions unpredictable, he works quickly, often completing pieces within a single set.

“It’s like gesture drawing at high speed,” he says. “You capture the essence first—the posture, the energy. You don’t even need the face sometimes. The feeling is already there.”

El arte como regalo

Uno de los aspectos más singulares de su práctica ocurre al final del proceso: las obras no se venden, se regalan.

Cada pintura realizada durante un concierto es entregada a los músicos, creando un intercambio íntimo y significativo.

“Hay algo muy poderoso en devolverles ese momento,” explica. “Se convierte en una conexión real. Y, al final, parte de mi trabajo es hacer feliz a la gente.”

A Gift Economy of Art

Perhaps the most radical aspect of Gleason’s practice is what happens after the painting is finished. He gives it away. Each piece created during a performance is gifted directly to the musicians—an act that transforms the artwork into a shared memory rather than a commodity.

“There’s something powerful about giving the work back to the performers,” he says. “It creates a moment of connection.”


Arte en tiempos de tensión

Más allá de los escenarios, Gleason también ha llevado su práctica a contextos sociales complejos, pintando protestas en Estados Unidos desde dentro.

“He pintado incluso con gas lacrimógeno,” cuenta. “Al principio no podía resistirlo, pero aprendí a seguir.”

Al reflexionar sobre la situación actual en torno a la migración, su visión es clara: "No es algo nuevo, es algo que ahora se está mostrando. Siempre han existido distintas versiones de Estados Unidos. Hoy, una que busca excluir tiene más poder.”

Para él, el arte no es ajeno a estas realidades, sino una forma de documentarlas y sentirlas.

Art in Times of Tension

Beyond festivals, Gleason’s work engages directly with social realities. Recently, he has been painting scenes from protests in the United States, immersing himself in environments charged with urgency and conflict.

“I’ve painted through tear gas,” he shares. “At first, I couldn’t handle it. Now I’ve learned how to stay.”

Reflecting on the current climate surrounding migration, he speaks candidly:

“What we’re seeing isn’t new—it’s being exposed. There have always been different versions of America. Right now, one that believes in hierarchy and exclusion is louder.”

For Gleason, art is not separate from these realities—it is a way of witnessing them.




¿Qué provoca el arte?

En un mundo donde las definiciones artísticas se expanden constantemente, Gleason cuestiona la idea de que el arte se limite a la técnica.

“La técnica te da herramientas,” dice. “Pero a veces hay que romperlas. La pregunta importante es: ¿qué hace esta obra en el mundo?”

Menciona a figuras como Keith Haring, cuyo impacto trascendió lo técnico para transformar la manera en que la sociedad percibe ciertos temas.

“Hay obras que muestran habilidad. Otras cambian la forma en que vemos. Ambas son válidas, pero no son lo mismo.”

What Art Does

In a time where artistic definitions continue to expand, Gleason resists limiting art to technique alone.

“Learning technique gives you the ability to express,” he explains. “But sometimes you have to break it. The real question is: what does the art do in the world?”

He references figures like Keith Haring, whose work reshaped public consciousness not through complexity, but through impact.

“Some art shows skill. Some art changes how people see. Both matter—but they’re not the same.”

The Warning recibiendo su pintura después de su show en Tecate Pa´l Norte 2026

El momento en que todo cobra vida

A pesar de la velocidad y la presión del entorno, siempre hay un instante en el que la pintura se revela.

“Es cuando todo se unifica,” explica. “Cuando deja de ser un conjunto de trazos y se vuelve algo vivo.”

Y en ese instante—entre el sonido y el silencio, entre el movimiento y la imagen—Simrad Gleason logra capturar lo que normalmente solo sentimos por un segundo… y lo convierte en algo que permanece.

The Moment It Comes Alive

Despite the speed and unpredictability of live painting, there is always a moment when everything clicks.

“It’s when the painting starts to unify,” he says. “When it stops being strokes and becomes something alive.”

And in that moment—between sound and silence, movement and stillness—Simrad Gleason captures what most of us can only feel for an instant… and lets it live on.


Simran Gleason aún conserva una pintura que realizó en 2021 de Foo Fighters durante Tecate Pa’l Norte. En ese momento no pudo entregársela a la banda y, tristemente, un mes después falleció su baterista, Taylor Hawkins. Hoy, esa obra adquiere un significado aún más profundo. Su deseo es que algún día esta pintura llegue a manos de la banda, cerrando así un momento que quedó inconcluso.

Simran Gleason still preserves a painting he created in 2021 of the Foo Fighters during Tecate Pa’l Norte. He was unable to deliver it to the band at the time, and just one month later, their drummer, Taylor Hawkins, sadly passed away. Today, that piece carries an even deeper meaning. Gleason hopes that one day the painting will find its way into the hands of the band, completing a moment that was left unfinished.




Ve la entrevista en Youtube

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