Fui invitada por un camarada el pasado domingo 18 de mayo a asistir a una Expo Vinilo en el Gargantúa Espacio Cultural ubicado en el centro de la ciudad de Monterrey y aunque el clima nos indicaba que seguramente caería un chubasco-y así fue- nos animamos a ir a ver que se nos pegaba porque siempre he sido una buscadora de joyas y tesoros en cualquier expo o mercadito que se haga presente en la ciudad.
Desde que llegamos, se escuchaba en los altavoces algo del maravilloso y a veces lastimero Morrisey mientras nos dispusimos a buscar entre cientos de vinilos algo que llamara nuestra atención. De inmediato encontramos algunas opciones de los distintos expositores que se prepararon evidentemente para ofrecer también artillería pesada desde Judas Priest, Metallica, Guns and Roses y variedad de géneros que forman parte de las memorias musicales de todos en algún momento como Alan Parsons, Eurithmics, o Tears for Fears.
Emocionada seguí en la búsqueda de esos artistas y canciones pero entre tanta variedad, en verdad me costó trabajo decidirme y de repente encontré un vinilo con una ilustración super ad hoc a la época, el buen año de 1984 donde aparecen Ana, José y Nacho con “Ya viene el sol” y entonces los recuerdos se agolparon y me encantó ver de nuevo ese tema tan onírico, especial, diferente y mágico, por decir lo menos basado hasta cierto punto en Kafka.
En la historia de la música pop, pocas veces una canción trasciende su propio formato como lo hizo “Aire” de Mecano. No fue solo una canción, fue una revelación: un momento en que el grupo, apostó por algo distinto, más literario, más simbólico. Y ganó al convertirse una cara B en una obra maestra del pop en español.
“Aire” marcó la primera vez que Mecano se salió del molde sin perder la conexión con su gente. En un contexto donde las fórmulas eran moneda corriente, el grupo se atrevió a narrar desde otro lugar. José María Cano convirtió un concepto técnico —la mención del gas noble argón junto al oxígeno y nitrógeno— en un gesto poético. Lo invisible cobró forma. Lo científico se volvió emocional. Lo improbable, inolvidable y sucedió algo inesperado ya que el impacto de esta bella canción eclipsó a la Cara A del disco. En aquella época esto era impensable o poco común: las discográficas elegían con precisión quirúrgica qué canción debía liderar. Pero la gente a través de la radio, eligió otra cosa. “Aire” tomó un protagonismo que nadie se esperaba y se impuso sola, como si hablara directamente a un deseo colectivo de escapar, de libertad, de ir más allá del cuerpo y sus límites porque al final, esa fantasía de tener más posibilidades siempre nos atrae.
Con este fabuloso tema, Mecano no solo salvó una etapa difícil, también amplió su horizonte creativo. Mostró que podían contar historias, emocionar desde otros registros, tocar fibras más profundas. Con el tiempo, la canción se convirtió en una de las más queridas de su repertorio y en una pieza clave de la historia del pop español.
Hoy, “Aire” sigue soplando con fuerza. He aquí que al momento de tocar el vinilo, volví a traer a mi cabeza esa pieza musical exquisita que es un verdadero poema y que abrió la posibilidad a Jose María de ser percibido como un gran letrista que después nos trajo fabulosos temas e historias enigmáticas como “Hijo de la luna”, “Cruz de navajas”, “Eugenio Salvador Dalí” y un himno personal como “Me cuenta tanto olvidarte”.
“Aire” es por decir lo menos una prueba de que, a veces, la intuición artística y la sensibilidad del público vencen a la lógica del mercado. Una canción inspirada en lo invisible, que dejó una huella imborrable que puedo apostar que no solo para una servidora sino para varias generaciones más.

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