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Chicago en Monterrey: un viaje de regreso a los días dorados del rock



No todos los días uno ve una leyenda en vivo. La noche del 27 de mayo, en la Arena Monterrey, fuimos parte de algo más grande que un concierto: un reencuentro con la memoria, con la juventud, con esas canciones que se quedan tatuadas en el alma.


La banda Chicago, con casi 60 años de historia, trajo a México su “Chicago Live in Concert” y convirtió la Arena en una cápsula del tiempo. La gente llegó con camisetas viejas, con nostalgia a flor de piel, con la emoción de ver en carne y hueso a quienes musicalizaron sus años más intensos.


Fuimos acomodados alrededor de las 21:00 horas en nuestros asientos visiblemente emocionados de poder disfrutar a unos verdaderos monstruos musicales que demostraron que los años perfecciona a los grandes artistas y los hace trascender e imprimir una huella indeleble a varias generaciones y a un público variopinto, en su mayoría conformado por cabecitas blancas que aún no olvidan en joven sentimiento de ver a su banda favorita en vivo.


Poco antes de que Chicago subiera al escenario, disfrutamos de exquisitas piezas de Carlos Murguía, Sade, Marcus Marr , Stevie Wonder y de Jere Laukkanen's Finnish Afro-Cuban Jazz Orchestra solo para aderezar y prepararnos para un momento más que especial que fue in crescendo al poder ver reunidos a los magníficos artistas segundos antes de entrar y saludar a los miles de fans que no podían dejar de sonreír al ver a James Pankow, Lee Loughnane, Walfredo Reyes ,Ray Herrmann, Eric Banes, Tony Obrohta, Ramon Yslas, Neil Donell y Lou Pardini.


Una velada de mucha nostalgia.

Bajo el fulgor de las luces y el murmullo expectante del público, dos miembros originales suben al escenario. Aunque la formación ha cambiado con los años, el alma de la banda sigue intacta. Los nuevos integrantes —ya no tan nuevos— han demostrado con creces su talento, su entrega y, sobre todo, su capacidad para mantener vivo ese sonido inconfundible que los catapultó a la fama décadas atrás.


Los músicos toman sus lugares. Una voz en el sistema de audio anuncia el inicio del viaje musical con “Introduction”, la pieza que abrió su primer álbum cuando aún se llamaban Chicago Transit Authority. Lo que sigue es una avalancha de emociones y estilos: jazz, rock, música clásica, R&B, pop y soft rock entrelazados en una sinfonía vibrante que cruza el tiempo.


Lee Loughnane, visiblemente emocionado, tomó el micrófono. Sonríe y agradece estar en una ciudad donde aún hay quienes los escuchan por primera vez. Con humildad y entusiasmo, lanza una promesa: “Espero que disfruten el show… y que para el final, sean nuestros nuevos fans”. Luego, los primeros acordes y empezar un concierto de verdad para llegar al tercer tema de “If You Leave Me Now” flotando en el aire, desatando la magia y transportándonos al ayer y a ese momento especial cuando se escuchó por primera vez hace casi 50 años para seguir con “Make Me Smile”, el primer hit de la banda en Estados Unidos y México, como mencionó Lee y agregó que la “Happy Man” la habían tocado por ultima vez en Mexico en el 2017 y se dieron cuenta de lo popular que era en Latinoamérica, así que el público emocionado cantó junto a la banda para seguir con “Ballet for a girl in Buchannon” dando lugar a la nostalgia para pegar fuerte cuando las pantallas presentaron imágenes de la banda original pero sobre todo de Terry Kath, vocalista original de la canción. Así como en antaño, el actual “Chicago” no solo está compuesto de experimentados músicos, sino que la voz y lucimiento se reparte por varios miembros de la banda, a este popurrí se integran en la voz el bajista Eric Baines y el original James Pankow, compositor de la canción.


Mi niñez y adolescencia desbloqueada en segundos cuando llegaron las piezas ochenteras como: “Hard Habit to Break”, “You are the Inspiration” seguidos de otros temas de distintas épocas como: “To be Free”, “Does Anybody Really Know What Time It Is?”, “Beginnings”,“Just You ´n Me” y rematando con “Hard to Say I’m Sorry/Get Away”, “Colour My World”, “Saturday in the Park”, “Feelin' Stronger Every Day”.


Casi dos horas cargadas de melancolía y virtuosismo, la legendaria banda Chicago ofreció una cátedra de maestría musical que solo los grandes pueden dar. Cada golpe de batería fue una lección rítmica, cada acorde una pincelada precisa en un lienzo sonoro que abarcó décadas de historia. Aun sabiendo que el final del concierto se acercaba, el público permanecía hipnotizado, consciente de estar presenciando algo irrepetible.


Las flautas, las percusiones, los vientos y los arreglos vocales se entrelazaban con una elegancia que solo se logra con años de entrega y pasión por la música. No se trataba solo de interpretar canciones, sino de hacerlas respirar, de darles vida frente a una audiencia que sabe reconocer la autenticidad.


Chicago no solo tocó —deslumbró. Y para quienes valoramos la verdadera música, fue un recordatorio de por qué esta banda es una inspiración eterna para generaciones de músicos. Fue más que un concierto; fue una clase magistral de perfección artística sin necesidad de tantos efectos ni grandes escenografías porque tienen la música, la historia y la química entre ellos.


Así que la niña que conoció esa banda, regresó a casa hoy feliz, procesando todo y agradeciendo a la vida por este maravilloso concierto que se queda guardado en el espacio de uno de los mejores shows que ha disfrutado.


Imágenes por: Arqueles García
















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