Crecí con las películas de Tim Burton.
Me sé de memoria los suspiros de Edward Scissorhands, los sueños fascinantes de Big Fish, el mundo invertido de Beetlejuice o la increíble Alicia en el País de las Maravillas pero The Nightmare Before Christmas… bueno, junto a todas estas cintas se convirtieron en parte del soundtrack de mi vida.
Por eso, conocer a Danny Elfman, el genio detrás de todas esas partituras que parecen tener alma, fue algo más que emocionante: fue como cruzar la pantalla y saludar a la infancia.
Porque Danny no solo compone música. Él crea atmósferas y mundos paralelos donde Tim y él son piezas de un mismo rompecabezas.
Durante el Festival Internacional Santa Lucía del 2024, se proyectó The Nightmare Before Christmas en una pantalla gigante, acompañada de una orquesta sinfónica en vivo.
Sí, en vivo. Cada nota, cada suspiro, cada susto melódico, saliendo del corazón de músicos reales.
Y ahí estaba Danny, en persona, siendo Jack Skellington con su voz, con su energía, con su locura brillante.
Cantó, dirigió, sonrió y nos envolvió a todos en ese universo donde la música lo es todo.
Danny venía acompañado de otros artistas que son parte de esta trama como Greg Proops, y Randy Crenshaw, actores de voz de algunos personajes icónicos de la cinta, además de contar con la presencia de Gabriela Vega y Ruben Cerda quienes hicieron el doblaje a nuestro idioma prestando su voz en la versión original.
Para el corazón latino, la presencia de Rubén Cerda fue un regalo.
Su interpretación en español del inolvidable Oogie Boogie hizo vibrar la Macroplaza.
Fue como si los recuerdos cantaran también con nosotros.
En rueda de prensa dentro de las instalaciones de Victoria Records tuve la grandiosa oportunidad de hacerle una pregunta y confirmar que la música puede ser una puerta a universos completamente nuevos.
Así que quise ir más allá de la típica pregunta. Le hablé de cómo su música no solo acompaña las películas de Tim Burton, sino que construye mundos porque no se puede concebir el imaginario cultural sin Danny Elfman. Cada canción de apertura se siente como el comienzo de un viaje hacia un universo específico. La síncopa, los violines etéreos y la progresión de acordes no solo acompaña imágenes; las crea. Entra en la cultura como un hechizo sonoro imposible de imaginar sin tu firma. Desde la primera nota, se abren portales: mundos de extrañeza, maravilla y sombras danzan con tus violines etéreos y ritmos que escapan la norma que no siguen lo tradicional. ¿Esa alquimia viene de los salones de la música clásica, o son los ecos de aquellas películas de ciencia ficción que vivían en tu mente de niño, antes de ser compositor?
De manera que me contó que entre criaturas oscuras y acordes brillantes, nació una música que no encajaba en ningún molde. Danny Elfman no quiso Broadway ni Disney: quiso magia. Se inspiró en monstruos sonoros como Bernard Herrmann —el compositor de Hitchcock— quien lo marcó viendo El día que la tierra se detuvo, así como la melancolía teatral de Kurt Weill y en el jazz salvaje de Cab Calloway. Con una alma antigua y corazón moderno, dio vida a canciones que suenan a tiempos que no existen… pero que se sienten muy vivos.
Danny Elfman no compuso para gustar. Compuso para invocar. Desde niño, la música del terror lo abrazó, y a los 12, una película de ciencia ficción le reveló que una melodía puede transformar un mundo entero. Se enamoró del nombre Bernard Herrmann, descubrió tarde la música clásica y terminó bebiendo de fuentes tan dispares como el jazz delirante de Cab Calloway y la melancolía teatral de Kurt Weill.
Cuando llegó El extraño mundo de Jack, él y Tim Burton sabían lo que no querían: nada de Broadway, nada de Disney. Querían un universo sonoro con polvo de los años 30 y chispa de los 90, algo que pareciera salido de un sueño raro. Así nacieron Sally, Oogie Boogie y todo ese desfile de notas con alma antigua y sangre nueva.
Elfman compone como quien lanza conjuros: mezcla monstruos, nostalgia y un toque de locura. Y lo que suena no es de este mundo… pero resuena en el nuestro.
Cuando lo vi en el escenario esa noche del 31 de octubre y disfrutar de cientos de fans disfrazados de tantos personajes entrañables de Burton, entendí que algo extraordinario había pasado, que justo me encontraba experimentando una verdadera noche de película Y no cualquier película: una con música de Danny Elfman quien definitivamente, es un arquitecto de lo imposible.
Gracias por la magia, maestro.... Y por recordarnos que, aunque crezcamos, el asombro nunca se jubila.
Danny Elfman interpretando a Jack:
Rubén Cerda como Oogie Boogie:



Comentarios
Publicar un comentario