Rigoberta Bandini reescribe el drama pop en Monterrey con botas rojas, colores, emoción y un espectáculo rabiosamente actual
Rigoberta Bandini llegó por primera vez a Monterrey y convirtió el Foro Tims en un escenario digno de una película de Pedro Almodóvar: colores intensos, emociones a flor de piel, dramatismo pop y una presencia escénica que jamás se queda quieta. Con sus botas rojas infinitas —prácticamente protagonistas por sí mismas— y una colección de vestuarios con brillo, lentejuela y glamour sesentero, Bandini desplegó un universo propio que coqueteaba tanto con Mecano como con la estética cinematográfica de Amenábar en sus escenas más atmosféricas.
Desde el inicio la cosa venía teatral: las cortinas estaban abiertas incluso antes de que Rigoberta apareciera, como una declaración de principios. Aquí no hay misterio: todo se ve, todo se siente, todo se vive. Su fandom ya esperaba vestido para la ocasión, con glitter, ropa glam y un mood retro deliciosoA las 7:30, Bandini entró acompañada de cinco musas que no solo cantaban y bailaban, sino que actuaban pequeñas escenas, casi como un reality de talentos dentro de un concierto. Mientras tanto, Esteban sostenía la base desde los teclados y se sumaba a la performance con una energía juguetona.La gira “Jesucrista Superstar Tour 2025” es un éxito rotundo, y su paso por Monterrey lo confirmó. La catalana mezcló su aclamado álbum con sus hits previos —Ay Mamá, Perra, Too Many Drugs— en un show diseñado como si fuera un mini festival estilo Eurovisión o la OTI, con músicos elevados en plataformas laterales, coristas-bailarinas dispuestas en el fondo y una estética kitsch maravillosamente cuidada que remite a la canción española de los 60: Massiel, Cecilia, Mari Trini, Los Brincos… pero reimaginados desde una sensibilidad actual, fresca y atrevida.
El concierto navegó entre luces verdes, rojas y amarillas, y momentos que parecían coreografiados para el cine. Rigoberta interpretó Jajaja, C.X.T., Enamorados, Miami Beach, Pamela Anderson, El amor, y llegó ese instante mágico en Amore amore amore, cuando las musas se inclinaron hacia el público con shots de tequila y micrófono en mano para que la gente pronunciara mensajes hacia la artista. Entre varias muestras de afecto, alguien lanzó: “Por ti me haría hetereo”, desatando carcajadas, aplausos y toda la euforia del recinto para después encontrarnos con la misma cantautora cantando de cerca y bajando del escenario para estar con sus fans mientras se rodeaba de todos ellos causando fascinación y bailando sugerentemente mientras los guantes largos rojos también robaban protagonismo.Más adelante, Rigoberta habló desde un lugar íntimo: la vida no siempre es brillo, dijo. También hay tristeza, pausa, reflexión… y ahí nacen los cuentos, las fábulas, las canciones. Con esa sinceridad abrió paso a Los milagros nunca ocurren al salir de un after, Kaiman, Too Many Drugs, Ay Mamá y Busco un centro de gravedad permanente, creando una atmósfera emocionalmente poderosa.
El cierre fue cálido, agradecido y lleno de cariño. El público no dejó de bailar y cantar, y Bandini se mostró conmovida por la energía regia. Así terminó su última fecha del año: un show íntimo, cercano, europeo, teatral y brillante, que confirma que Monterrey sabe recibir espectáculos que rompen moldes.












Comentarios
Publicar un comentario