El inicio de año llegó con ideas, proyectos y preguntas necesarias mientras fuimos convocados por el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey para conocer los planes de este primer semestre. Taiyana Pimentel, directora de MARCO e Indira Sánchez, gerente de Educación, presentaron un programa que no busca deslumbrar por acumulación, sino activar pensamiento, comunidad y diálogo. Crédito: Cortesía Eames Institute, Petaluma, CA, USA
Taiyana lo dijo desde el arranque: 2026 será un año de continuidad, pero también de expansión. MARCO seguirá profundizando en las líneas que han definido su identidad reciente —género, ecologías, medio ambiente, responsabilidad social— incorporándolas a los grandes temas del momento, sin perder el anclaje cotidiano. El museo como espacio intelectual, sí, pero también como lugar vivo, habitable, colectivo.
Taiyana lo dijo desde el arranque: 2026 será un año de continuidad, pero también de expansión. MARCO seguirá profundizando en las líneas que han definido su identidad reciente —género, ecologías, medio ambiente, responsabilidad social— incorporándolas a los grandes temas del momento, sin perder el anclaje cotidiano. El museo como espacio intelectual, sí, pero también como lugar vivo, habitable, colectivo.
El contexto global atraviesa inevitablemente el programa: Monterrey será sede del Mundial de Futbol y se abrirá al mundo. MARCO asume ese reto con una postura clara: ser un rostro cultural de la ciudad, una casa donde el visitante encuentre no solo fiesta deportiva, sino pensamiento contemporáneo, arte y memoria.
Uno de los pilares del semestre será la gran revisión de la Colección FEMSA, que ocupará toda la planta baja del museo.
Se abrirá el mapa del arte latinoamericano con Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA, una exposición monumental que podrá visitarse del 20 de marzo al 19 de agosto de 2026 y que, desde ya, provoca ese gusto íntimo y casi infantil de saber que vendrán piezas fundamentales de artistas maravillosos —entre ellos, dos de mis consentidas personales: Remedios Varo y Leonora Carrington—, creadoras que transformaron el exilio, la imaginación y lo alquímico en universos visuales profundamente libres y visionarios. Varo, con su precisión casi científica y su misticismo silencioso, y Carrington, con su narrativa simbólica, onírica y ferozmente femenina, no solo marcaron el surrealismo hecho en México, sino que abrieron caminos para pensar el arte como un territorio espiritual, político y poético a la vez.
La muestra, organizada entre la Colección FEMSA y MARCO, reúne 170 obras de más de 115 artistas de los siglos XX y XXI, celebrando los 50 años de uno de los acervos más importantes de América Latina y propone un recorrido por constelaciones temáticas que abordan cuerpo, territorio, memoria, abstracción y transformación, dialogando con figuras históricas como Siqueiros, Orozco o Rivera y voces contemporáneas como Francis Alÿs o Vivian Suter. Una exposición para perderse, derivar y reencontrarse, con la certeza de que algunas obras —como las de Varo y Carrington— siguen hablándonos desde otros planos, recordándonos que el arte también es un acto de magia lúcida.
La exposición no solo revisita nombres canónicos del arte moderno y contemporáneo, sino que pone el acento en las ausencias, especialmente en las mujeres artistas que durante décadas quedaron fuera del relato dominante. La museografía, planteada por nodos temáticos, propone espacios para sentarse, conversar, debatir. Aquí el arte no exige silencio: invita a la convivencia respetuosa. La muestra se expande incluso al terreno culinario, con un programa que reflexiona sobre alimentación, territorio y sostenibilidad. Comer, pensar y mirar arte se conectan en una misma experiencia. A la par, MARCO continúa con la exposición de Teresa Margolles, que ha convertido al museo en punto de encuentro internacional, y prepara un semestre que incluye a Gabriel de la Mora, Charles y Ray Eames y Wendy Cabrera, activando tanto las salas principales como los Project Rooms.
Cada exposición dialoga con públicos distintos, pero todas comparten una pregunta común: ¿cómo habitamos el presente desde el arte?
Desde el área educativa, Indira Sánchez articula esta visión bajo un concepto sencillo y potente: pensar juntos. Las exposiciones son detonadores, no destinos finales. Talleres, recorridos dialógicos, conversaciones interdisciplinarias, programas comunitarios y acciones como MARCO Móvil amplían el museo hacia escuelas, barrios y comunidades que históricamente han quedado al margen.
El futbol también aparece como lenguaje cultural. No solo como evento deportivo, sino como fenómeno social que puede leerse desde el arte, la música y la convivencia.
Las Noches de Verano se adelantan y se transforman en una plataforma de encuentro global-local, donde sonidos de países visitantes dialogan con la avanzada regia y fue justo en este punto, cuando el programa ya había desplegado su complejidad, surgió una pregunta clave. ¿Qué significa celebrar para ustedes estos 35 años en una ciudad que ha cambiado tan radicalmente y como se revisa ese pasado sin nostalgia, sino como una plataforma hacia el futuro?
La respuesta de Pimentel fue una de las más reveladoras de la mañana. Recordó el nacimiento de MARCO en 1991, con exposiciones que ya pensaban el continente, la migración, la convivencia de lenguajes y artistas. Hoy, explicó, la crítica internacional está revisitando ese periodo histórico, lo que permite al museo mirar su propio pasado desde una postura crítica, no sentimental.
Celebrar, entonces, no es mirar atrás con melancolía, sino reconocer, reconstruir y reposicionar. El aniversario 35 no será un evento aislado, sino una serie de momentos compartidos que coincidirán con el Mundial y con el aniversario de FEMSA. Una celebración horizontal, abierta, colectiva.

MARCO se prepara para recibir grandes públicos, apoyado en la experiencia acumulada, en una nueva plataforma digital bilingüe y en una logística pensada para la convivencia masiva sin perder el sentido.
Más allá de calendarios y exposiciones, lo que quedó claro es que MARCO entiende el museo como un organismo vivo, atravesado por su ciudad, su tiempo y sus preguntas. En 2026, celebrar no será hacer ruido: será pensar juntos hacia dónde queremos ir.
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