Entre recuerdos de giras, autobuses y risas, Denisse Guerrero revive el viaje que la llevó a descubrirse a sí misma después de casi dos décadas en la cima con Belanova. “Me ausenté cuatro años de la vida y del escenario, y en ese tiempo enfrenté la pérdida de mi padre, luchas físicas y emocionales”, dice con la voz entrecortada, “fue un tiempo de silencio que necesitaba para hablar desde un lugar más íntimo”.
En este renacer artístico, la música es su confidente y sanadora. Su disco solista es un mosaico que va desde la electrónica hasta la bachata, una experimentación libre que rompe con sus propios esquemas y que refleja su vulnerabilidad y fuerza. “Componer es como hacer un clavado a mi interior, a veces no entiendo por qué escribo ciertas cosas hasta que las leo después”, confiesa.
Colaborar con David Aguilar, trovador de raíz profunda y poeta de la palabra, fue como un espejo que le devolvió otra mirada sobre su voz y su manera de contar historias. “Él trabaja con la palabra escrita primero, y luego crea la melodía. Me gusta cómo aborda los temas desde la literatura y la poesía, eso me mueve.”
En medio de esta exploración, Denisse no evade la conversación urgente sobre salud mental. Con la sinceridad que la caracteriza, invita a derribar el tabú que aún rodea este tema. “No pasa nada si te sientes triste o necesitas ayuda. Somos seres integrales y la salud emocional es la raíz de todo bien. Si no estamos bien, todo a nuestro alrededor se resiente. Y se vale estar mal a veces, porque de ahí nace la verdadera sanidad.”
Y así, con la voz aún temblorosa por lo vivido y la emoción a flor de piel, Denisse Guerrero se presenta en esta nueva etapa, lista para compartir sus historias, su música y, sobre todo, su verdad.
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