Déjame estar contigo es una película que se queda habitando en silencio dentro de uno y escuchar a Andrea Sutton y Aksel Gómez hablar de ella confirma algo que ya se siente al verla: esta historia no fue actuada solamente, fue profundamente vivida.
Durante la charla, ambos actores hablaron con una honestidad poco común sobre cómo se construye un personaje cuando el amor existe bajo la sombra del tiempo. Lucía, protagonista de la historia, vive consciente de que todo puede terminar antes de lo esperado, pero decide no hacerlo desde la tristeza, sino desde la intensidad de estar viva.
Andrea Sutton confesó que interpretar a Lucía cambió completamente su manera de entender al personaje —y también a sí misma. Lucía no quería ser vista como alguien frágil. No quería que su enfermedad definiera su existencia. Quería vivir, simplemente vivir.
Ese cambio de perspectiva transformó la actuación: no era interpretar a alguien que se despide, sino a alguien que elige el presente todos los días y quizá por eso el personaje se siente tan real.
Sutton explicó que su cercanía con la guionista, cuya historia personal inspiró el guion, le permitió entrar emocionalmente en un lugar íntimo y honesto. No se trataba de imaginar el dolor, sino de comprenderlo desde la empatía.
Aksel Gómez, en cambio, encontró a Bruno desde la familiaridad. Crecer cerca de la frontera le permitió reconocer las tensiones migratorias que atraviesan la película, dotando al personaje de una naturalidad que nunca se siente forzada.
Ambos coincidieron en algo que como espectador resulta evidente: la película llega en un momento social particularmente sensible. Las historias de migración y separación hoy pesan distinto. Duelen distinto.
Pero lejos de ser una historia triste, Déjame estar contigo respira esperanza. Amar sin garantías. Entregarse sin saber cuánto tiempo existe. Seguir viviendo incluso cuando los planes cambian.
Ese fue el mensaje que los actores repitieron una y otra vez: la vida continúa, incluso cuando parece detenerse.
Uno de los momentos más reveladores fue escuchar cómo la película también los transformó fuera del set. Laura confesó que Lucía la volvió más extrovertida, más consciente del presente, más abierta a disfrutar la ciudad y la vida cotidiana.
Como si el personaje hubiera decidido quedarse con ella después del rodaje.
La química entre el elenco, lejos de ser una construcción técnica, nació desde el primer casting. Entre risas recordaron cómo, sin ponerse de acuerdo, los tres actores principales eligieron trabajar juntos, una coincidencia que terminó convirtiéndose en amistad real y quizá por eso las relaciones dentro de la película se sienten tan orgánicas: porque lo eran.
En medio de un cine mexicano reciente dominado por la comedia, Déjame estar contigo apuesta por regresar al melodrama —ese género que alguna vez definió nuestra identidad cinematográfica— pero desde una sensibilidad joven, social y profundamente humana.
No busca hacer llorar por tragedia, sino emocionar por reconocimiento porque todos, en algún momento, hemos amado sabiendo que nada está asegurado.
Al final de la conversación, quedó clara una idea sencilla pero poderosa: el mayor deseo de quienes hacen cine es inspirar aunque sea a una sola persona y viendo las reacciones del público —y lo que esta historia provoca incluso días después— parece que ya lo lograron.
Entrevista e imágenes por: Isabella García
La actriz se llama Andrea no Laura
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