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Bryan Adams pegó duro en Monterrey con su tour “Roll With the Punches”

La Arena Monterrey fue el ring donde el legendario canadiense soltó una noche de rock honesto, emotivo y directo al corazón.

Reseña por Arqueles García


La velada comenzó desde la oscuridad.

En el extremo opuesto del escenario principal, apenas iluminado por una luz cenital blanca, apareció la figura reconocible de Bryan Adams. Vestido completamente de negro, el cabello pelirrojo corto y perfectamente peinado, el canadiense emergió sobre una pequeña plataforma cuadrada con guitarra acústica y armónica en mano.

A sus 66 años, Adams sigue proyectando esa mezcla de elegancia rockera y energía juvenil que lo ha acompañado durante décadas.


Sin banda, sin espectáculo grandilocuente, solo él y sus canciones.

La apertura fue íntima y poderosa: “Can’t Stop This Thing We Started”, “Straight From the Heart” y “Let’s Make a Night to Remember”, tres versiones acústicas que marcaron el tono emocional de la noche. Esta última sonó casi como una invitación directa del artista al público: un acuerdo tácito para hacer de esa noche algo memorable.

Después de ese inicio casi confesional, Bryan Adams descendió de la plataforma y caminó entre las filas de fans a lo largo de la cancha, saludando manos y sonrisas mientras se abría paso hacia el escenario principal. Cuando finalmente llegó con su banda, “Run to You” encendió la Arena Monterrey la noche del martes 3 de marzo.


Las pulseras LED del público comenzaron a palpitar en rojo, blanco y azul creando un espectáculo visual impresionante. Miles de luces titilaban como un cielo artificial de constelaciones eléctricas flotando dentro del recinto.


La noche ya estaba en marcha.

“Buenas noches Monterrey. Me llamo Bryan… y seré su cantante esta noche”, dijo en español con una sonrisa que inmediatamente se ganó al público.

Lo que siguió fue una demostración de por qué Bryan Adams sigue siendo una apuesta segura para un gran show de rock: canciones directas, interpretadas con energía y sin necesidad de excesos.


“Somebody”, “Roll With the Punches”, “Do I Have to Say the Words?” y “18 ’Til I Die” fueron cayendo como golpes bien colocados en este ring musical.

Durante “Please Forgive Me”, la Arena se bañó en una luz azul profunda que transformó el momento en uno de los pasajes más emotivos de la noche.


Adams también dejó ver su lado juguetón. En medio del concierto señaló a una chica del público y soltó entre risas: —“Esta chica ha estado texteando todo el rato… espero que me estés texteando a mí”. La Arena respondió con carcajadas.


Cuando llegó “Shine a Light”, pidió a todos levantar las luces de sus celulares. De pronto el recinto entero se convirtió en un océano luminoso que acompañó uno de los momentos más emotivos del concierto y luego vino esa canción que para muchos justifica el precio del boleto: Heaven”.La versión presentada fue más rítmica y actualizada. Quizá la batería por momentos se imponía demasiado sobre la guitarra melancólica que caracteriza la canción, pero aun así el público la cantó con una devoción que hizo olvidar cualquier detalle técnico.


“Estamos en nuestra última noche en México”, comentó Adams en otro momento del show. “Ustedes tienen suerte de vivir aquí. Yo soy de Canadá… y están invitados a visitarnos, aunque hace un poco más de frío”.


El concierto también tuvo su momento rockabilly.

En medio de “You Belong to Me”, Adams comenzó a buscar a los mejores bailarines de la Arena Monterrey. Incluso detuvo la canción unos segundos porque, según él, la gente no estaba bailando lo suficiente. Al final, un niño terminó siendo coronado como el mejor bailarín de la noche, provocando uno de los momentos más entrañables del show.


Luego llegó el clásico festivo “Twist and Shout”, que terminó de soltar a los asistentes. Uno de los momentos más especiales ocurrió cuando Bryan presentó a Tania, una joven mexicana de apenas 20 años a quien dijo haber descubierto recientemente.

“Conocí a una chica con una voz poderosa… le envié un mensaje y la invité a cantar esta noche”.

La joven —identificada como parte del proyecto Estilo Sin Límite— subió al escenario acompañada de su hermano, originario de Sonora. Antes de comenzar gritó emocionada:

“¡Que viva Monterrey! ¡Qué bonita ciudad!”

Juntos interpretaron “(Everything I Do) I Do It For You”, uno de los momentos más emotivos de la noche.

A esa altura el concierto ya había recorrido varias décadas de historia musical, confirmando algo que los fans saben desde hace mucho tiempo: las canciones de Bryan Adams han acompañado vidas completas.

Y todavía faltaban los golpes finales."Back to You”, “The Only Thing That Looks Good on Me Is You” y “Summer of ’69” desataron uno de los coros más grandes de la noche. La última llegó con doble final y un solo de guitarra extendido, como si el canadiense supiera perfectamente que esa canción es un ritual colectivo que nadie quiere que termine.

El cierre con “Cuts Like a Knife” y “All for Love” dejó a la Arena Monterrey cantando a una sola voz.



Después de más de dos horas, la sensación era clara.

Bryan Adams no necesita escenografías gigantes ni trucos tecnológicos para sostener un concierto memorable. Su arma principal sigue siendo la misma desde los años ochenta: grandes canciones interpretadas con una voz rasposa, intensa y profundamente emotiva —ese famoso “tenor de papel lija” que lo distingue.

Quienes estuvimos presentes tuvimos una noche de buena música y miles de personas recordando por qué Bryan Adams sigue siendo, después de tantas décadas, uno de los grandes narradores sentimentales del rock.

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