La noche del sábado 28 de febrero en el Metapatio se vivió un show más allá de lo íntimo, casi confesional, donde la distancia entre escenario y público dejó de existir desde el primer acorde junto a Fidel Nadal.
El mítico músico argentino apareció sin pretensiones, como quien llega a conversar con viejos amigos y quizá eso era exactamente lo que estaba pasando. Frente a él, un público regiomontano que cantó absolutamente todo, sin descanso, sin timidez, devolviendo canción por canción el cariño sembrado durante más de 40 años de trayectoria.
Fidel hizo lo suyo: hechizar.
Sin exageraciones, sin poses. Sólo esa forma natural y directa de habitar la música que lo convirtió en referente del reggae latinoamericano. Fundador de Todos Tus Muertos, alguna vez parte del universo sonoro de Mano Negra, Nadal representa una época donde la música latinoamericana se atrevía a mezclar géneros, discursos y emociones sin pedir permiso.
Él ha compartido que los noventa fueron la mejor etapa de la música argentina, y escucharlo en vivo hace entender por qué: sus canciones nacieron en un tiempo donde la música importaba más que la prisa, donde el mensaje caminaba junto al ritmo.
El concierto avanzó cadencioso, meloso pero potente, como un vaivén emocional que envolvía el recinto. Cada tema parecía despertar memorias distintas en quienes estaban ahí: juventud, resistencia, amor, noches largas y caminos recorridos.
Intentó despedirse más de una vez y no lo dejaron.
Los aplausos lo regresaban al escenario como una ola inevitable, confirmando algo evidente: hay artistas que no pertenecen sólo al presente, sino a la historia emocional de su público.
Cuarenta años no son fáciles. Permanecer, menos.
Pero Fidel Nadal sigue apostando por la música que permanece, esa que no grita para existir, sino que vibra lento y profundo hasta quedarse viviendo dentro de quienes la escuchan y esa noche en Monterrey, más que un concierto, fue un abrazo colectivo al ritmo del reggae.
Imágenes por: Arqueles García
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