La energía escénica de Laura de Ita habita un territorio delicado: entre la vulnerabilidad y la fuerza, entre la palabra pronunciada y la emoción que permanece suspendida después de escucharla.
En el marco del Festival de Cine Latinoamericano en Monterrey, la actriz visitó la ciudad como invitada especial para presentar “Corina”, una película que ha resonado particularmente entre públicos jóvenes por su mirada íntima y poco convencional dentro del cine mexicano contemporáneo.
El encuentro fue breve —inevitablemente breve para alguien cuya vida transcurre entre rodajes, escenarios y proyectos creativos—, pero suficiente para confirmar que su carrera no responde a etiquetas sino a una necesidad constante de exploración artística.
“Mi padre es el teatro”, compartió con una sonrisa, reconociendo ahí el origen de todo. Desde esa formación surgieron otras rutas: el cabaret político, el cine, la televisión y la música, disciplinas que no compiten entre sí, sino que nacen del mismo impulso creativo.
En el teatro cabaret encontró la libertad de romper la cuarta pared y transformar el humor en resistencia. “El humor ayuda a resistir este mundo”, recordó, citando una idea que atraviesa su trabajo escénico: reír también puede ser una forma de reflexión social.
El cine, en cambio, ocupa otro lugar emocional. Laura lo describe como una relación íntima, un espacio donde incluso los personajes pequeños sostienen universos completos. Esa filosofía dialoga perfectamente con Corina, película presentada en el festival, que apuesta por historias más humanas y menos estridentes, alejadas de fórmulas repetidas para explorar experiencias personales y realidades contemporáneas.
Para la actriz, el cine mexicano vive un momento de transformación impulsado por nuevas miradas: “Cada vez hay más mujeres guionistas y directoras contando historias distintas, hablando de temas que antes no se tocaban desde estos lugares”.
Esa misma búsqueda aparece en su proyecto musical Las Luz y Fuerza, donde emerge un alter ego escénico que —según confiesa— le permite convertirse en una versión más desfachatada y libre de sí misma, una especie de “rockstar de la cumbia” que canaliza emociones que las palabras no siempre alcanzan.
“La música es universal”, explicó, recordando cómo en presentaciones europeas el público conectaba sin entender el idioma, demostrando que la emoción puede viajar más allá del significado literal.
Quizá lo más revelador de la conversación fue escucharla hablar del oficio actoral como una carrera de resistencia. Seguir asistiendo a castings, descubrir personajes inesperados y continuar creando incluso desde la incertidumbre sigue siendo, para ella, la mayor sorpresa del camino artístico.
El diálogo terminó demasiado pronto, como suelen terminar las conversaciones que apenas comienzan a profundizar. Quedó la sensación de que aún hay muchas historias por escuchar y proyectos por descubrir.
Laura de Ita continúa expandiendo su voz entre escenarios, cámaras y música, recordándonos que el arte no es un escaparate, sino un proceso vivo de búsqueda constante.
Y ojalá —muy pronto— la conversación continúe.
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Imágenes por: Arqueles García
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