Hay conciertos que marcan y otros que transforman. Earth, Wind & Fire esta noche en la Arena Monterrey fue ambas cosas: una celebración de funk, de soul y de la alegría que trasciende décadas. Para quienes crecimos escuchándolos en vinilo—sin imágenes, sin shows digitales, solo sonido puro—escucharlos hoy en vivo es como regresar a un lugar interior donde todo vibra y todo sana.
Desde los primeros golpes de los metales, la banda recordó por qué es un pilar absoluto del sonido afroamericano moderno. “Shining Star” abrió el portal junto a "Sing a Song", "Serpentine Fire, "Devotion". Después vinieron “Boogie Wonderland”, la suavidad precisa de “After the Love Has Gone”, y esa reinterpretación monumental de “Got to Get You Into My Life” donde los metales brillaron como si estuvieran cincelados en oro líquido.
La Arena entera era un corazón latiendo al mismo tiempo y entonces llegó la triada gloriosa: “Fantasy”, “Let’s Groove” y “September”. Tres canciones capaces de reordenar la existencia, de levantar las sombras, de recordarnos que hay música que vive dentro de uno desde siempre, esperando volver a despertar.
Cuando sonó Let’s Groove Tonight, el recinto completo se volvió una ola de luz, energía y felicidad sincronizada. La banda estaba en modo leyenda total: bajos vibrantes, guitarras afiladas, percusiones que golpeaban directo al alma y esos falsetes que parecen venir de otra dimensión. Nadie podía quedarse quieto y nadie quería hacerlo.
El cierre… September. Esa canción que no es solo un clásico: es un conjuro emocional. Un abrazo colectivo. Un recordatorio de que seguimos aquí, que seguimos sintiendo.
Ahí, entre el baile, las luces y el coro de miles de voces, era imposible no desbordarse.
Salimos calibrados. Vibrando alto. Con las emociones bailando en la superficie.
Yo deseaba llorar, pero de verdadera felicidad, de esa que solo una banda como Earth, Wind & Fire puede provocar en vivo.












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