Hay noches que empiezan antes de que suene la primera nota. La del viernes 14 de noviembre en el Escenario GNP Seguros fue justo una de ellas. Apenas se apagaron las luces, una voz femenina en off —pícara, burlona, casi cómplice— anunció que esa sería una velada para “todos los migajeros del amor”. El lugar estalló en gritos y chiflidos como si alguien hubiera girado la llave que abre la emoción colectiva. Serbia estaba por salir, y el recinto ya ardía.
Lo que siguió fue un espectáculo que superó cualquier expectativa: asientos llenos, nadie sentado, y casi dos horas de energía viva donde el cuarteto regiomontano decidió mostrar, sin filtros, el músculo musical que han construido a lo largo de su década de vida.Neto Ortiz, con esa mezcla de vulnerabilidad y poderío que lo caracteriza, ocupó el escenario como si fuera territorio familiar. La conexión con su público —sus “Fantasmas”— se notó desde el primer respiro. A los pocos minutos, entre risas y gritos, surgió un coro unánime pidiéndole que se quitara la ropa. Neto, sin perder el ritmo, les contestó: “Cuando los sienta al 100… ahorita están como en 80”. El público rugió, y Serbia siguió atacando canción tras canción con una potencia casi eléctrica.
Indudablemente se sentía la magia extra en el aire. En la guitarra, acompañándolos, estaba el queridísimo Flip Tamez, productor y figura clave del rock regiomontano, elevando cada riff y cada detalle con su sello inconfundible. Una sorpresa que se sintió como regalo para quienes abarrotaron el lugar.
Con un setlist que recorrió su trilogía de EPs —3 de Abril, Anime Love Ghost y el recién completado Suéltame, piezas que dan forma al álbum No Es Que No Te Quiera Pero…— la banda mostró su faceta más luminosa, más explosiva, más segura de sí misma.
“Anime Love Ghost”, “Llegar al cielo” y “Nunca me olvides” fueron un combo demoledor: para la tercera canción ya había manos arriba, gargantas encendidas y un coro que hizo vibrar cada rincón. Luego vinieron “Querido Corazón”, “Un Millón de Estrellas”, “Que No Se Te Haga Tarde” y “Bonita”, piezas que exhiben su evolución y esa mezcla de nostalgia, energía y emotividad que define su sonido actual.
Todos en el escenario vistieron chamarras negras con blanco, un detalle que, más que estética, subrayó el espíritu de unidad y madurez que hoy vive Serbia. Su música ha crecido —y ellos también.
Al final, el show no fue solo un concierto: fue un statement, una declaración de que Serbia está entrando a una etapa más brillante, más fuerte y más conectada con su audiencia que nunca. Y si esto fue el preámbulo del próximo álbum, queda claro que el resplandor apenas empieza.







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