Si el jazz tuviera rostro joven y alma vieja, probablemente se llamaría Zac Saintt.
Kevin Constanza, músico y compositor salvadoreño de apenas 20 años, vive en California y crea canciones que suenan a película. No una de superhéroes ni de efectos digitales, sino de esas que se ven con luces bajas y copa en mano, donde las emociones caminan despacio.
Zac no quiere ser famoso, quiere ser libre.
“Entendí que no necesito millones de seguidores para vivir de la música”, dice. “Prefiero que me escuchen los suficientes para poder seguir creando”.
Y eso explica mucho de su esencia: un artista que aprendió a valorar el silencio, el detalle y la paciencia, justo en una era donde todo es ruido.
Su sonido nació entre dos mundos: el jazz que escuchaba su abuelo —a quien llama “papá”— y el cine de Martin Scorsese. De Goodfellas a Taxi Driver, encontró en las historias obsesivas del director una inspiración para componer temas cinematográficos, llenos de atmósfera y textura.
Así, el joven de Chalchuapa transformó su habitación en un estudio de emociones.
Durante la pandemia, mientras muchos aprendían recetas o bailes virales, Zac descubría su voz interior. Leía libros sobre arte, veía películas y componía lo que hoy se ha convertido en su sello: un R&B elegante, introspectivo y profundamente humano.
Sus canciones no quieren ser hits, quieren quedarse en ti como una escena favorita.
Escucharlo hablar es como ver un plano secuencia de honestidad. Habla de su familia, de su disciplina casi de reloj, de cómo dejó de perseguir la dopamina de los likes.
“Las redes pueden hacernos olvidar la paciencia —dice—, pero la música necesita tiempo… y silencio”.
Zac Saint es ese tipo de artista que no está gritando para ser visto; está susurrando para ser sentido y si lo escuchas con atención, entenderás que el jazz sigue vivo, solo que ahora usa TikTok y viste con estilo vintage.
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