Si alguna vez pensaste que el mundo de los insectos era diminuto o aburrido, OVO del Cirque du Soleil te hará cambiar de idea.
En este espectáculo, los grillos brincan hacia el cielo, las mariposas vuelan con elegancia sobre cintas aéreas, las hormigas hacen malabares con frutas y una pequeña mosca se enamora perdidamente de una mariquita entre luces, música y colores que estallan como una primavera eterna.
El público llega y ya está dentro de la historia: se escuchan sonidos de la noche, del campo, del zumbido de la vida que habita la tierra. La escenografía, con túneles y hojas gigantes, es un ecosistema en movimiento. Las luces verdes, moradas y naranjas envuelven a todos mientras la banda sonora —inspirada en ritmos brasileños y con pinceladas de bossanova— marca el pulso del espectáculo.
Cada número tiene su propio universo. Las hormigas rojas, precisas y juguetonas, hacen malabares con kiwis, maíz… y con otras hormigas. Una libélula equilibrista flota entre tallos imposibles, y una mariposa se transforma ante nuestros ojos en un acto de sedas aéreas que simboliza la metamorfosis más pura.
El artista argentino Ernesto Lea Place —una de las mariposas en el pas-de-deux aéreo— nos contó antes de la función que esa noche sería especial: su familia había viajado desde Argentina para verlo volar. Y voló. Su número, acompañado por violines y un bandoneón que recordaba a los sueños de Buenos Aires, hizo suspirar a toda la Arena Monterrey.
Pero OVO no solo deslumbra por su belleza visual, sino por la historia que cuenta. En medio de todo ese bullicio de vida, una mosca forastera llega con un huevo misterioso. Ese huevo —símbolo de nacimiento, cambio y posibilidad— despierta la curiosidad de toda la colonia, recordándonos que incluso las cosas más pequeñas pueden tener un poder inmenso.
Uno de los momentos más aplaudidos llega con la “Telaraña”: una araña blanca se dobla y contorsiona en su red mientras el público contiene la respiración. Le sigue el “Trampowall”, con una docena de grillos corriendo y volando en una pared vertical. El ritmo, la sincronía y la fuerza física son hipnóticos. Cuando termina, las 5 mil personas del público se levantan, aplaudiendo y gritando con una mezcla de sorpresa y alegría.
Desde su estreno en 2009, OVO ha recorrido el mundo con más de siete funciones por ciudad, cautivando corazones de todas las edades. Tras una pausa forzada por la pandemia, volvió a los escenarios en 2022 y ahora celebra su 15º aniversario con una puesta en escena renovada: efectos visuales mejorados, música en vivo, vestuario espectacular y un elenco internacional de artistas que parecen no conocer los límites del cuerpo humano.
Ver OVO es volver a ser niño.
Es mirar el suelo y descubrir que bajo nuestros pies hay un universo entero que respira, baila y se transforma. Cirque du Soleil sigue siendo el maestro absoluto en el arte de hacernos soñar despiertos. Y este espectáculo, sin duda, es uno que hay que vivir: porque cada salto, cada vuelo y cada aleteo nos recuerda que la magia sigue ahí… esperando que la veamos.





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