Hay decisiones que no se toman con la cabeza, sino con el corazón. Y ese fue el caso de Elida Reyna, la voz que durante más de tres décadas le puso alma, orgullo y sentimiento a la música tejana. Hoy, con el brillo de la experiencia en los ojos y una serenidad que solo da la fe, la nueva reina de la Tejana anuncia su despedida de los escenarios.
“Dios me habló al corazón. Me dijo que era momento de dejar los caminos de antes para seguirlo a Él”, confesó en Monterrey, su “segunda casa”, donde arrancó el Despedida Tour 2025. Allí, entre aplausos y memorias, la artista agradeció a su público por haberla acompañado desde aquella primera vez que sonó su voz en la Caliente 94.1 y en cada escenario donde la tejana conquistó corazones.
A lo largo de su carrera, Elida fue más que una cantante: fue un puente entre culturas, entre Texas y Monterrey, entre las raíces y la modernidad. Con temas como “Prisionera”, “Luna Llena” o “Te Sigo Amando”, supo ponerle nombre al amor, a la nostalgia y al poder femenino dentro de un género dominado por hombres.
Pero esta despedida no es un adiós con lágrimas, sino una pausa con propósito.
Elida habló con sinceridad: “He ganado premios, he viajado el mundo, pero quiero algo más. Quiero tiempo. Quiero estar con mis padres, con mis nietas, quiero servir a mi comunidad y dedicar mi voz al Creador”.
Durante la pandemia, algo cambió dentro de ella. Entre el silencio y la incertidumbre, encontró un llamado espiritual que hoy la lleva a comenzar un nuevo camino. Ya no como la estrella tejana que llenó estadios, sino como una mujer que busca sembrar amor desde otra trinchera: la fe.
A sus fans, les deja un mensaje tan cálido como su voz: “Gracias por dejarme entrar en sus corazones. Mi música seguirá sonando, y con cada nota, seguiré cantando junto a ustedes”.
Elida no se retira del alma de quienes la aman. Solo cambia de escenario.
Y aunque ya no escuchemos su voz en vivo, cada vez que suene “Prisionera” en la radio o en una fiesta, recordaremos aquella niña de Mercedes, Texas, que soñó con cantar… y terminó dejando huella eterna.




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