Hay caminos que no sólo se recorren con los pies, sino con el alma. Así fue el trayecto hacia Casa Volare, ese nuevo refugio para el arte que parece emerger entre las calles de Santiago, Nuevo León. como un respiro luminoso, una invitación a mirar más allá de lo cotidiano. Llegar ahí es casi una ceremonia: el rumor de la ciudad se va desvaneciendo poco a poco, los pasos se vuelven más lentos, y de pronto, uno se encuentra frente a una puerta que no sólo abre un espacio físico, sino también un universo sensible donde la belleza y la memoria dialogan.
En medio de la emoción, Michelle, hija del pintor Héctor Carrizosa, tomó la palabra. Con voz firme y dulce, habló de la importancia de honrar en amor y arte la memoria de su padre y de su hermano, ambos artistas cuya huella sigue latiendo en cada pared, en cada cuadro, en cada rincón de la casa. “Volare es eso —dijo—, la posibilidad de mantener viva la esencia de quienes amaron profundamente el arte y nos enseñaron que la creación también es una forma de amar.” Sus palabras llenaron el aire de un silencio respetuoso y de una emoción compartida que se sintió como un abrazo colectivo.
Las actividades de la noche acompañaron ese espíritu: se inauguró la exposición titulada: "Gratitud" de Tony Cárdenas, cuyas obras son un testimonio de maestría, libertad y vuelo. Poco después la intervención musical de Charros y Churros quienes dieron ritmo al encuentro, una narración elocuente y poética que recordó que la palabra también puede pintar así como un viaje lleno de folclor, canciones mexicanas, y un brindis que celebró no sólo un nuevo espacio, sino una nueva forma de habitar el arte.
Casa Volare nació así, entre emoción y reverencia, entre memorias y promesas. Es un lugar para quienes saben que el arte no es un lujo, sino una necesidad del alma; para quienes buscan un refugio donde lo sensible tiene casa y donde cada cuadro, cada nota, cada palabra puede convertirse en un acto de vuelo.
La noche del sábado 18 de octubre, al final del evento, cuando la música se fue apagando y las luces se quedaron suaves, se sentía algo muy claro: el arte, cuando nace del amor, no muere. Sólo se transforma en vuelo.
Puedes consultar la entrevista con Michelle Carrizosa aquí:




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