Hay conciertos que se sienten como reencontrarte con tu yo adolescente. Así fue la noche del 21 de febrero en el Escenario GNP Seguros, cuando Vilma Palma e Vampiros convirtió Monterrey en una pista de baile noventera donde el tiempo decidió detenerse.
Desde que sonaron los primeros acordes de “Me vuelvo loco por vos”, nadie volvió a sentarse. Era imposible. La energía viajaba de la tarima al público y del público a la banda en un circuito perfecto. Mario “Pájaro” Gómez no solo cantó: platicó, bromeó, provocó coros masivos y nos recordó que la música también es un abrazo grande que nos rodea de forma melodiosa.
Entre canción y canción desfilaban recuerdos. “Mojada”, “Síndrome de amor”, “Todo lo que fue”, “Travestis”… cada tema abría una puerta distinta en la memoria y ahí estaban todos: quienes crecieron con ellos y quienes los descubrieron después, cantando juntos como si hubieran compartido la misma adolescencia.
La emoción se sentía en el aire, tan así que muchas personas viajaron de distintas ciudades para tener este encuentro tan especial con la agrupación argentina como Gemma Saldaña quien viajó desde Ciudad Victoria, Tamaulipas solo para esta cita musical tan esperada. Su sonrisa lo decía todo: no era un concierto cualquiera, era una reunión con su historia personal. Porque eso hace Vilma Palma —sus canciones no solo suenan, viven contigo y lo mejor de todo es que tuvo oportunidad de conocerles.
Cuando llegaron “Auto Rojo” y “La Pachanga”, el recinto explotó. Era una fiesta absoluta, una de esas donde desconocidos se vuelven cómplices y los coros se escuchan más fuerte que las bocinas. El sonido, intacto; la vibra, intacta; la emoción, intacta. Como si los 90 nunca se hubieran ido.
El cierre, después de casi dos horas, dejó algo raro y lindo en el aire: esa nostalgia que no duele, esa que te hace salir con una sonrisa y pensar que quizá crecer no significa dejar atrás, sino aprender a volver.
Imágenes por: Isabella Chiquett y Gemma Saldaña
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