La Garfield, para muchos de nosotros, ha sido eso: un proceso. Desde aquel primer álbum con ese groove elegante y orgánico, pasando por la evolución sonora que los llevó a escenarios cada vez más grandes, hasta este presente donde el soul, el funk y el pop se mezclan con una madurez que se siente honesta.
Cobertura por: Isabella García
El sábado 21 de febrero en el Metapatio no fui a “ver un concierto”. Fui a reencontrarme con una banda que ha sabido reinventarse sin perder su esencia.
Para quien ha seguido su historia, ver a María Centeno “La Flaquita” —la primera voz de La Garfield desde 2013— compartir escenario con Valentina Marentes fue algo profundamente simbólico. María representa ese inicio más crudo, más jazzero, más íntimo. Valentina, en cambio, ha llevado a la banda a una etapa más expansiva, más poderosa en presencia escénica, más consolidada.
Y juntas… simplemente fluyeron. La primera canción que compartieron esa noche fue “When the Sun Goes Down”, del primer álbum. Y ahí se me enchinó la piel. Porque esa canción fue la puerta de entrada para muchos. Ese bajo delicioso, esa vibra nocturna, esa elegancia tan poco común en la escena independiente mexicana de aquel entonces.
Después llegaron las canciones de “Cuando se acaba la noche”, el disco que María grabó con la banda y que lanzaron el año pasado: “Que Hablen”, “Amanecer”… canciones que suenan a cierre de ciclo, pero también a celebración de identidad. No es nostalgia vacía. Es evolución consciente.
Y qué decir de clásicos como “Love”, “El Tiempo”, “Yo Soy”, "Mala", “Vuelve a Casa”… canciones que en vivo adquieren otra dimensión, porque La Garfield no solo toca: groovea. Hay algo en su sección rítmica que te obliga a moverte, aunque digas que no bailas.
Lo más bonito es que esta noche fue el cierre oficial de la gira ÚNICA con María Centeno. Y tuvo historia previa: la fecha original era el viernes 20, pero un apagón dejó al venue sin electricidad. En vez de cancelar sin más, María y Valentina salieron a cantar al día siguiente con esas increíbles voces que se unían y amalgaman en un concierto que se volvió íntimo y etéreo.
El sábado 21, con todo listo, el cierre fue digno. Se sentía la gratitud en el escenario. Se sentía la conexión real entre las dos voces. No había competencia. Había historia compartida.
La Garfield lleva más de una década construyendo una identidad muy particular dentro de la música mexicana: sofisticación sin pretensión, groove sin exceso, pop con alma soul. No son una moda. Son una banda que ha trabajado cada etapa con paciencia y eso se nota.
Salí del concierto al cual fui invitada por Calavera Agency pensando que pocas cosas son tan bonitas como ver a una banda honrar su pasado sin quedarse atrapada en él.
La Garfield no sólo celebró 12 años. Nos recordó por qué seguimos aquí, cantando con ellos. Fue el último show de la gira ÚNICA y Monterrey fue testigo de cómo una banda puede honrar su pasado sin soltar su presente.
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