Sentada frente a la prensa, con la serenidad de quien ha sobrevivido a los cambios de la industria y a sus propias metamorfosis, habla del pasado como si fuera un escenario todavía encendido. Su nuevo espectáculo, Retro Pop, no es sólo un concierto: es una cápsula del tiempo con música en vivo, vestuarios que parecen salidos de una fotografía ochentera y arreglos que transforman canciones conocidas en experiencias nuevas. Dance, acústico, pop, cumbia. Cada versión es un guiño a la memoria colectiva que se llevará a cabo el próximo 27 de febrero en Dion Live Center.
Cuando le pregunté cómo decide el repertorio de una gira nostálgica, su respuesta suena a manifiesto emocional: escucha a sus fans. Ellos —sus “tatifans”— no sólo le piden canciones; le devuelven recuerdos, fechas, aniversarios, fragmentos de vida. Pero también elige temas que la describen a ella misma, piezas que son autobiografía cantada. Porque un show, en su visión, debe ser espejo: del público y del artista.
Visualmente, el espectáculo es un viaje cromático. Rayas, lunares, neones, recreaciones de vestuarios originales y proyecciones que evocan otra época. No se trata de disfrazarse del pasado, sino de invitarlo a bailar en el presente. “Quiero que vivan la nostalgia y que quienes no vivieron los 80 los sientan ahora”, dice, como si el tiempo fuera una pista de baile.
Pero el momento más revelador llega cuando reflexiona sobre su propia valentía. ¿Quién ha sido más fuerte: la adolescente que dejó todo para perseguir su sueño o la mujer que hoy sigue reinventándose? Tatiana sonríe con esa mezcla de dulzura y determinación que la caracteriza: ambas. La joven tenía impulso e inconsciencia; la adulta tiene experiencia y resistencia. Entre esas dos versiones existe un puente invisible llamado constancia.
Esa constancia se traduce en proyectos nuevos: canciones inéditas, un próximo álbum, ideas de cine, sueños de animación, escenarios por conquistar. No habla como quien repasa logros, sino como quien enumera posibilidades.
Escucharla es entender que su historia no es la de una figura nostálgica, sino la de una creadora en movimiento. Que su brillo no viene de las estrellas que alguna vez llevó en el vestuario, sino de las que —como ella misma dice— guarda en el corazón y entonces queda claro: Tatiana no regresa al pasado. Lo trae de la mano, lo hace cantar… y lo convierte otra vez en presente.
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