Hay funciones que se sienten distintas desde antes de que se apaguen las luces. Así ocurrió en el Aula Magna del Colegio Civil, donde Vainilla inauguró el Festival de Cine Latinoamericano y convirtió la sala en algo más que un espacio de proyección: en una conversación colectiva.
La película de Mayra Hermosillo llegó sin estridencias, pero con una sensibilidad capaz de tocar fibras muy cercanas. Entre silencios incómodos, afectos difíciles y miradas familiares, la historia fue encontrando eco en un público que poco a poco dejó de ser espectador para reconocerse dentro de la pantalla porque Vainilla tiene algo profundamente cotidiano: mujeres fuertes, emociones guardadas y vínculos que no siempre saben decir “te quiero”, pero lo demuestran de otras maneras y quizá por eso funcionó tan bien en Monterrey; varias voces del público coincidieron en que los personajes parecían sacados de sus propias familias.
Después de la proyección, la actriz Rosy Rojas conversó con los asistentes en un diálogo cercano y honesto. Habló del reto de interpretar a un personaje rígido pero humano, del proceso creativo junto a la directora y de cómo el cine también sirve para mirar de frente nuestras propias historias.
La sala permaneció atenta, participativa, emocionada. Jóvenes estudiantes, cinéfilos habituales y curiosos compartieron preguntas, recuerdos y reflexiones, confirmando algo que se repitió durante la noche: el cine se vive mejor cuando se comparte.
Así arrancó una nueva edición del festival, recordándonos que el cine latinoamericano no solo cuenta historias; también nos reúne para reconocernos en ellas y al salir del Aula Magna, la sensación era clara: Vainilla dejó un sabor cálido, de esos que permanecen incluso después de que terminan los créditos para después seguir con una convivencia musical entre público, artistas y autoridades de este evento junto a Toy Selectah abriendo pista para bailar al ritmo del son guapachoso y acompañado de imágenes de la película.
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