Si creciste en los noventa, es casi imposible que el nombre Sixpence None The Richer no active algún recuerdo automático. La banda estadounidense se convirtió en uno de los símbolos sonoros de aquella década gracias a su estilo de pop alternativo delicado, melódico y emocionalmente honesto.
El reconocimiento global, las nominaciones al Grammy y su base de fans multigeneracional confirmaron que su propuesta tenía sustancia. Sixpence no hacía ruido: construía paisajes sonoros.
Ahora, la historia suma un nuevo capítulo: el 21 de febrero en Venue 867, Monterrey será testigo de un show que promete más que nostalgia: promete reconexión emocional con una era donde tres minutos de música podían explicarlo todo.
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