Hay noches que se sienten como un abrazo a la raíz, como un recordatorio de que este país se lleva en la sangre y en los pies que zapatean. La tarde del domingo 7 de septiembre, el Escenario GNP Seguros se transformó en un lienzo vivo con el Ballet Folklórico de Amalia Hernández, un espectáculo que dejó al público con la piel chinita y el corazón latiendo fuerte, al ritmo de México.
La lluvia quiso ser parte del ritual, el tráfico puso a prueba la paciencia, pero nada de eso importó: cientos de personas llegaron convencidas de que valía la pena. Y vaya que lo fue. En el escenario, hasta cincuenta artistas desplegaron un universo de colores, texturas y sonidos que nos llevaron de la nostalgia al júbilo en cuestión de segundos.
No es solo danza. Es un diálogo con la memoria. Es ver a los músicos en vivo, sentir cómo la trompeta del mariachi eriza la piel, cómo cada falda que gira abre un portal a un México profundo, diverso y eterno. Hubo un momento especial —cuando el mariachi entonó el himno a Monterrey— en el que el aire se cargó de orgullo y emoción, y muchos no pudieron evitar ese nudo en la garganta que solo se explica con amor a la tierra.
Despliegue de color hace honor a su nombre: es ritmo que crece, es fiesta que contagia, es arte que se mete bajo la piel. Lo que empezó como contemplación terminó en una explosión de alegría, con los bailarines acercándose al público, borrando la distancia, invitándonos a jugar, a bailar, a sentirnos parte de la escena.
Todo esto es posible gracias a una mujer que soñó con que México se bailara en los grandes escenarios del mundo: Amalia Hernández. Esa artista nacida en 1917, que dejó atrás la tradición familiar de ser maestra para seguir el llamado de la danza, sigue viva en cada coreografía. Su legado no es estático ni lejano, es vibrante, actual, y tiene la capacidad de tocarnos hasta las fibras más íntimas.
Quien estuvo ahí lo sabe: este espectáculo no solo se ve, se siente. Te sacude, te emociona, te devuelve orgulloso de tu raíz. México entero zapateó en Monterrey, y lo hizo con la elegancia, la fuerza y la pasión que solo el Ballet de Amalia Hernández sabe regalar.






Comentarios
Publicar un comentario