"No regresa el polvo de oro de la vida". Nadie mejor que Sabines para saberlo expresar tan bien en palabras.
Hoy se cumplen diez años de tu partida. Aún guardo intacto el recuerdo de aquella mañana de 2015, cuando todos esperábamos un milagro para tu recuperación… pero Dios tenía otros planes. Ese día el mundo se volvió un lugar más frío y solitario, porque para mí siempre fuiste un roble: firme, fuerte, admirable.
Eras una mujer valiosa y valerosa, trabajadora incansable, con un carácter decidido y un espíritu que sabía disfrutar la vida con intensidad. Llevabas en ti la belleza de las virtudes, la chispa de los talentos y esa voz maravillosa que, al cantar, hacía vibrar hasta lo más profundo a quienes te escuchaban.
Naciste en diciembre de 1930, en tiempos muy distintos a los de ahora, cuando el arte vivía en las carpas y los sueños se sostenían con voluntad y coraje. Creciste sin tu padre ya que perdió la vida por causas desconocidas, al lado de una madre que enfrentó sola un mundo injusto con cuatro hijos a cuestas. En una época donde ser mujer sola en aquella época era visto como tragedia. Ustedes aprendieron a transformar la adversidad en fuerza.
Desde pequeña descubriste el valor del trabajo y la importancia de soñar. Compartías ese anhelo con tus tres hermanos, tan talentosos como tú, que también llevaban la música en las venas. Tu hermana mayor y tú se convirtieron en sostén de tu madre, y juntas encontraron un espacio en las carpas, donde actuaban y cantaban, mientras los otros hermanos buscaban sus propios caminos, pero sin dejar de soñar y cantar.
Fuiste la primera de los cuatro Noriega Balderas en partir, y tu ausencia dejó un vacío inmenso. Sin embargo, tu recuerdo sigue vivo en mí, y tu legado se convierte en guía. Pienso en tus últimas palabras, cuando confesaste que hubieras querido hacer tantas cosas que no alcanzaste. Hoy quiero decirte que esas promesas inconclusas, esos sueños que quedaron en el aire, yo los cargo conmigo para cumplirlos, porque soy parte de tu linaje y llevo tu herencia en el alma.
Aunque la falta duele, aunque la razón tropiece ante la eternidad del alma, sé que descansas en un lugar donde no existen las lágrimas ni el dolor.
Hasta siempre, mi amada MamáLupita.


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