Nota por: Arqueles García
“La vida es un experimento”, afirma Gerda Gruber con una certeza que atraviesa su obra como raíz y destino. Desde hace décadas, esta artista de origen austriaco —pero con alma mexicana desde 1975— se ha dedicado a explorar la naturaleza no como simple paisaje, sino como refugio vital, un espacio donde el asombro y la furia conviven en equilibrio.
Su nueva exposición, Entre verde y agua, que abrirá sus puertas en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) el próximo 11 de septiembre, nos invita a sumergirnos en esa búsqueda íntima. Aquí, los materiales recolectados —porcelana, barro, bronce, cristal, henequén— se transforman en esculturas que parecen respirar, como organismos suspendidos entre lo humano y lo vegetal, entre lo mineral y lo líquido.
Gruber no se queda en la contemplación pasiva: investiga, experimenta y da forma a metáforas de resguardo, de hogares efímeros frente al caos del mundo exterior. Sus piezas, de tonos verdes en múltiples matices, laten con la memoria del agua —aunque el líquido no aparezca físicamente, está presente como fuerza fundadora de cada obra.
Con la curaduría de Daniela Pérez, esta muestra es un recordatorio de que la naturaleza no solo nos rodea: nos constituye. Y que en su fragilidad, así como en la nuestra, existe también la posibilidad del refugio.
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